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Carrera y profesión

Fortalezas en una entrevista: cómo hablar de ellas y convencer

Cómo contar tus fortalezas en una entrevista: método STAR, ejemplos concretos, pruebas sin números y cuatro errores que cuestan la oferta.

"Soy comunicativo, fiable y trabajo bien en equipo." El reclutador asiente, no apunta nada y pasa a la siguiente pregunta. La escena se repite entrevista tras entrevista, y no porque esos rasgos sean malos, sino porque detrás no hay nada que los sostenga.

La pregunta por las fortalezas es una de las tres más frecuentes de cualquier entrevista. La mayoría la responde con tres adjetivos que el entrevistador ya ha oído cincuenta veces esa semana. La diferencia entre el candidato que recibe la oferta y el que no muchas veces no está en qué fortalezas tiene, sino en cómo habla de ellas.

Hablar de tus fortalezas de forma convincente es una habilidad, no un talento, y se puede ensayar en una tarde. Necesitas tres cosas: saber en qué eres bueno de verdad, nombrarlo con precisión y respaldarlo con un ejemplo. El descubrimiento lo dejamos a un lado. Aquí la tarea consiste en sacar tus fortalezas de tu cabeza y meterlas en la de quien tienes enfrente.

Por qué "comunicativo" no deja huella

Un adjetivo sin pruebas es ruido para un entrevistador. Dices que eres meticuloso y no has dicho nada verificable. Cualquiera puede afirmar cualquier cosa, y un reclutador con experiencia lo sabe, así que filtra mentalmente los adjetivos y espera a ver si detrás llega algo concreto.

Míralo desde el otro lado. ¿Cuánta gente dice en una entrevista que es poco fiable y que se le da mal tratar con personas? Nadie. Así que cuando afirmas lo contrario no destacas, te fundes con la multitud que pronuncia exactamente las mismas palabras. Una cualidad que todo el mundo enumera no puede, por definición, diferenciarte.

Peor todavía, la respuesta genérica suena ensayada. "Soy una persona proactiva, orientada al equipo y con ojo para el detalle" no es una frase que nadie diga de forma espontánea. Parece copiada de una columna de consejos de internet, que suele ser justo de donde salió, y el entrevistador lo capta en un segundo.

Una fortaleza es una afirmación más una prueba

Un principio sencillo hace todo el trabajo pesado: cada fortaleza que menciones necesita una prueba. La afirmación dice qué sabes hacer. La prueba lo enseña en una situación concreta con un resultado. Quita la segunda mitad y la primera se queda en declaración.

La forma más fiable de entregar esa prueba es el método STAR. Describes la situación (dónde y cuándo), la tarea (de qué eras responsable), la acción (qué hiciste tú en concreto) y el resultado (cómo acabó, idealmente en números). Nada sofisticado, pero te obliga a hablar en concreto en lugar de en generalidades.

Respuesta genérica Afirmación + prueba
"Soy comunicativo." "Sé explicar cosas técnicas a gente de fuera del sector. En mi anterior trabajo traducía los requisitos de los desarrolladores para los clientes, y las reclamaciones por especificaciones mal entendidas bajaron alrededor de un tercio."
"Soy fiable." "En dos años no fallé ni un solo cierre mensual, ni siquiera durante la temporada en que se fue una compañera y lo llevé sola seis meses."
"Trabajo bien bajo presión." "El día antes de lanzar nuestra tienda online se cayó la pasarela de pago. Me hice cargo de las llamadas con el proveedor y por la tarde estábamos operativos."

Toma una situación real. Dos candidatos se entrevistan para un puesto de coordinación de proyectos. El primero dice: "Mi fortaleza es la organización, soy muy sistemático". El segundo dice: "Me gusta sostener cosas que se deshacen con facilidad. En nuestro último proyecto teníamos cinco proveedores externos y ningún calendario compartido. Monté un panel sencillo de plazos que todos podían ver y, por primera vez en un año, lanzamos a tiempo". ¿De cuál te acuerdas?

La segunda respuesta funciona porque el entrevistador puede reproducirla como una película. Ve el problema, ve qué hizo el candidato, ve el resultado. La primera es solo una etiqueta que tiene que rellenar él mismo, y a la gente no le apetece rellenar huecos.

Aquí acecha una trampa: la historia que se alarga demasiado. Un relato de tres minutos que se pierde en el detalle cansa al oyente tanto como un adjetivo vacío. Quédate en unos treinta o sesenta segundos. Nombra la fortaleza, cuenta la situación, la acción y el resultado, y para. Si el entrevistador quiere más, ya preguntará.

Elige dos o tres fortalezas que al puesto le importen

Un error habitual es soltarlo todo. El candidato intenta impresionar y enumera seis cualidades de golpe. El efecto es el contrario: no se le queda ninguna. La atención humana se lleva dos o tres cosas de una respuesta como mucho, así que conviene escoger las que encajan con el puesto y respaldarlas bien.

¿Dónde encuentras esas fortalezas? En la oferta de empleo. Las empresas suelen describir a quién quieren con bastante precisión, solo que lo entierran en fórmulas del estilo "buscamos una persona autónoma capaz de llevar varios proyectos a la vez". Traduce eso. Autonomía, tolerancia a la fragmentación, capacidad de priorizar. De eso sí merece la pena hablar.

Repasa la oferta línea a línea y empareja cada requisito con una situación de tu propia experiencia que lo demuestre. Si pide "espíritu de equipo", no te presentes con una frase sobre el espíritu de equipo. Preséntate con el momento en que ayudaste a un compañero a terminar algo que ni siquiera era tarea tuya. Al puesto no le interesa la lista de tus virtudes. Le interesa si sabes hacer lo que necesita.

Elige fortalezas que tengas de verdad y no las que suenan bien, y hay un motivo práctico que va más allá de la entrevista. Dubreuil, Forest y Courcy (2014), en The Journal of Positive Psychology, encontraron que quienes usan sus fortalezas con regularidad en el trabajo rinden más y están más implicados, impulsados por mayor vitalidad y concentración. Gallup lleva tiempo añadiendo que los empleados que usan sus fortalezas cada día tienen unas seis veces más probabilidades de estar comprometidos. Una fortaleza inventada para la entrevista no te enseñará nada en el puesto. Una real tirará de ti hacia delante.

Lo verificable gana a la fanfarronada

A mucha gente le preocupa que hablar de sus fortalezas la haga parecer arrogante. La solución no es decir menos, es dejar que hablen los hechos. La línea entre confianza y jactancia pasa justo por lo verificable.

La jactancia se apoya en superlativos: "soy un comercial brillante, el mejor del equipo". Una respuesta verificable se apoya en un hecho: "el año pasado cerré más contratos que nadie en un equipo comercial de cinco personas". La segunda frase dice esencialmente lo mismo y, aun así, nadie puede acusarte de arrogancia, porque te limitaste a describir lo que ocurrió. El número presume por ti.

También ayuda reconocer el contexto y la parte que pusieron los demás. "Funcionó sobre todo porque propuse un proceso nuevo" suena más creíble que "lo salvé yo solo". Dar crédito al equipo no te resta nada. Te muestra como alguien con quien se puede trabajar, algo que el entrevistador está sopesando tanto como tus capacidades.

Cuando no tienes números duros

Quizá estés objetando: "Pero yo no tengo números". Los recién titulados, quienes cambian de sector y quienes vienen de puestos donde el desempeño no se mide en porcentajes suelen entrar en pánico aquí. Y una prueba no tiene por qué ser un número. Solo tiene que ser concreta y comprobable.

Una prueba puede ser un cambio que provocaste ("antes se hacía de una manera, después de mi propuesta se hizo de otra"). Puede ser cómo reaccionaron otras personas ("mi jefa empezó a mandarme a las reuniones con los clientes más difíciles"). O un patrón que se repite y por el que la gente acudía a ti para lo mismo una y otra vez. Todo eso le dice al entrevistador más que cualquier adjetivo.

Piensa en una recién titulada sin historial laboral. En lugar de "soy responsable", puede decir: "En tercero llevaba una asociación de estudiantes. Cuando el ponente principal canceló días antes del evento, encontré sustituto en dos días y salió adelante según lo previsto". Ni un porcentaje y, aun así, es una prueba. Puedes sacar experiencia de los estudios, de un trabajo de fin de semana, del voluntariado o incluso de una afición, siempre que extraigas de ahí una situación concreta.

Nombra la fortaleza con precisión

"Comunicativo" puede significar diez cosas distintas. ¿Sabes hablar delante de una sala? ¿Negociar un acuerdo? ¿Explicar algo complicado en palabras llanas? ¿Escribir un correo que por fin consiga que la gente haga lo que tiene que hacer? Cada una de esas es una habilidad diferente, y vale distinto para puestos distintos. Cuanto más precisamente nombres la fortaleza, mejor podrá ubicarte el entrevistador.

Una buena fuente de términos precisos es la clasificación de fortalezas de carácter que construyeron Christopher Peterson y Martin Seligman (2004). Describe 24 fortalezas, de la curiosidad a la perseverancia, pasando por la inteligencia social, la justicia y la perspectiva. No es una lista para memorizar, más bien un diccionario que te da lenguaje para cosas que intuyes de ti pero no sabes nombrar del todo.

Cuando te atascas con las palabras que describen tus fortalezas, un test de fortalezas de carácter puede ayudar. Ordena esas 24 fortalezas según lo bien que encajan contigo y añade una descripción de tus cinco principales de la que puedes tirar en una entrevista. En lugar de "soy comunicativo", podrías decir "mi fortaleza es la inteligencia social, sé leer qué necesita escuchar la otra parte", y aterriza de otra manera al instante.

Algunos ejemplos de cómo cambiar una etiqueta vaga por una precisa:

  • "Comunicativo" → "sé llevar una reunión para que termine en una decisión y no solo en un debate"
  • "Creativo" → "encuentro salida donde otros ven un callejón sin salida"
  • "Trabajador" → "las tareas aburridas en las que mucha gente naufraga las termino"
  • "Empático" → "noto que un cliente está molesto antes de que lo diga en voz alta"

Cuatro errores que te cuestan la oferta

  • Falsa modestia. "No sé, supongo que soy bastante cuidadoso." Si no sabes nombrar en qué eres bueno, el entrevistador asume que en nada. La modestia no es lo mismo que ser incapaz de vender tu propio trabajo.
  • Una debilidad disfrazada de fortaleza. "Soy perfeccionista" y "me exijo demasiado" están tan gastadas que se leen como evasiva. Guarda la conversación honesta sobre tus debilidades para cuando de verdad te pregunten, y no finjas que son activos.
  • Una fortaleza sin relación con el puesto. Presumir de lo bien que improvisas en una entrevista para un trabajo de contabilidad no da en la diana. Una cualidad que el puesto no va a usar no le interesa al entrevistador.
  • La letanía ensayada. Una respuesta recitada sin ninguna emoción delata la plantilla. Habla de situaciones que hayas vivido de verdad y sonarás natural, porque las recuerdas y no tienes que actuar.

Antes de tu próxima entrevista, prueba una cosa. Toma la oferta de empleo, escoge tres requisitos y para cada uno di en voz alta una situación concreta de tu experiencia que lo demuestre. Si con alguno no se te ocurre nada, eso ya es información útil. O no tienes esa fortaleza o la tienes olvidada, y ambas cosas es mejor descubrirlas en casa que sentado frente a un reclutador.

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