Sin registro

Descubre en 5 minutos qué personalidad tienes y qué profesión encaja contigo

Descubre en 5 minutos qué personalidad tienes.

Listo en unos minutos · 16 tests en un solo lugar

Listo en unos minutos · 16 tests en un solo lugar

Inicio / Guías / Relaciones y comunicación / Cómo reavivar la pareja cuando se apaga la chispa
Relaciones y comunicación

Cómo reavivar la pareja cuando se apaga la chispa

La chispa se apaga en toda relación larga. Qué dice la ciencia sobre cómo reavivar la pareja y qué probar esta semana para volver a sentirla.

La chispa se apaga en casi todas las relaciones largas, y eso no es una avería sino uno de los hallazgos mejor documentados de la psicología de las relaciones. El enamoramiento febril de los primeros meses, cuando tu pareja no podía aburrirte ni un segundo, tiene fecha de caducidad por buena que sea la relación.

Así que si al cabo de unos años se sientan uno al lado del otro sin nada que decirse, eso por sí solo no significa que eligieran mal. Significa que han llegado donde llega toda pareja. La pregunta no es cómo mantener la chispa para siempre, porque esa respuesta no existe, sino con qué sustituirla y cómo encender una nueva de vez en cuando.

Qué te está pasando en realidad

Detrás de ese declive hay un mecanismo corriente que los psicólogos llaman adaptación hedónica. El cerebro se acostumbra a todo lo que se repite, incluso a lo bueno. El piso nuevo que no dejabas de admirar, el coche nuevo, el aumento de sueldo: en unos meses, dados por hechos. Con una pareja no pasa nada distinto. Sonja Lyubomirsky ha mostrado que hasta los sentimientos más intensos se doblegan ante la costumbre, y una relación entra sola en rutina al cabo de unos dos años.

Eso no quiere decir que el amor desaparezca. Cambia de estado. La psicóloga Elaine Hatfield describió dos tipos de amor que se pasan el relevo. Primero llega el amor pasional, el febril y obsesivo. La investigación dice que se desvanece bastante rápido. Después viene el amor de compañía, un vínculo más tranquilo hecho de confianza, ternura e historia compartida, y ese se fortalece con el tiempo.

El paso del amor pasional al de compañía no es deterioro, es maduración. La cultura popular solo nos enseña la primera fase: las películas terminan en un beso, no en el decimoquinto año de matrimonio. Por eso, cuando las mariposas se van, mucha gente da por hecho que el amor se acabó, cuando simplemente se ha convertido en algo más duradero.

Por qué "pasar más tiempo juntos" no lo arregla por sí solo

El primer reflejo cuando las cosas empiezan a chirriar es lógico: pasar más tiempo juntos. Pero el tiempo por sí mismo no repara nada. Puedes estar tres horas cada tarde en el mismo sofá y sentirte más solo que alguien que vive solo.

La diferencia está en lo que ocurre durante ese tiempo. Dos personas mirando cada una su pantalla están físicamente juntas, pero no conectadas. El tiempo rutinario, existir en paralelo en la misma habitación, apenas se anota en la contabilidad emocional; el cerebro lo archiva como fondo, no como cercanía.

Marcos y Ana llevan doce años. Cenan juntos cada noche, luego una serie, luego a dormir. Sobre el papel pasan montones de tiempo juntos y aun así los dos lo describen como tibio. Cuando empezaron a jugar al squash una vez por semana, dos horas de reírse el uno del otro, perder y picarse, algo encajó. No añadieron horas a su semana. Cambiaron horas vacías por horas cargadas.

Piensa en el principio. Pasaban menos horas juntos, pero iban cargadas: hablaban hasta la madrugada y te importaba lo que el otro pensara. Eso no era tiempo, era atención, y la atención escasea más que el tiempo. La pregunta real no es si pasan suficiente tiempo juntos, sino si se han notado el uno al otro. Cómo llenar el tiempo compartido para que cuente es el tema de nuestro perfil del lenguaje del tiempo de calidad.

Lo que sí funciona: hacer cosas nuevas juntos

En 2000, Arthur Aron y su equipo hicieron experimentos en los que las parejas realizaban juntas o bien una tarea aburrida o bien una nueva y estimulante. Las que pasaron por algo novedoso y con un punto de adrenalina declararon mayor satisfacción justo después que las que hicieron algo anodino. Bastaron unos minutos.

Aron llama a esto el modelo de autoexpansión. Estar enamorado es en gran medida la sensación de crecer al lado de alguien, de descubrir facetas nuevas de ti y del mundo. Cuando viven algo nuevo juntos, esa sensación vuelve un rato, y el cerebro asocia la descarga con la persona que tiene al lado.

La palabra que sostiene todo aquí es "nuevo". No hace falta tirarse en paracaídas. Vale cualquier cosa que los saque del surco de siempre y que hagan juntos por primera vez. Por ejemplo:

  • Apuntarse a un curso donde los dos sean principiantes: cerámica, tango, cocina tailandesa. Ser igual de torpes acerca.
  • Un barrio de la ciudad que no conocen. Ir sin plan y dejar que mande lo que encuentren.
  • Si algo les acelera el pulso, mejor: una montaña rusa, un rocódromo, una sala de escape. Ese sobresalto compartido es lo que midieron los experimentos de Aron.
  • Un viaje a un sitio en el que ninguno haya estado, aunque sea un fin de semana a dos pueblos de distancia.

Fíjate en que la cena de siempre en el restaurante de siempre no está en esa lista. Un clásico querido es agradable, pero no hay nada nuevo en él, ni siquiera la carta. Reavivar una relación significa ir a por lo que los dos no han hecho todavía, no repetir en bucle lo probado.

Vuelve a los idiomas que hablaban al principio

Hay algo más que se apaga con los años y casi nadie lo nota. Al principio la gente suele hablar los cinco lenguajes del afecto a la vez: halagos, escapadas juntos, detalles sin motivo, contacto a la mínima, ayuda para lo que sea. Con el tiempo el repertorio se estrecha hasta un solo canal, a veces ninguno.

La idea de los cinco lenguajes del afecto, es decir Palabras de afirmación, Tiempo de calidad, Regalos, Actos de servicio y Contacto físico, viene del consejero matrimonial estadounidense Gary Chapman. Su modelo no es ciencia exacta, pero funciona bien como vocabulario para auditar tu relación. Repasa los cinco canales y pregúntate con qué frecuencia sigues hablando cada uno hoy. ¿Cuál se secó primero? En muchas parejas son el contacto físico fuera del dormitorio y las palabras de afirmación, los dos más fáciles de ir aplazando. De dónde salió todo esto lo cuenta nuestra guía de los cinco lenguajes del afecto.

Conviene no quedarse en uno mismo. Aquello con lo que expresabas amor al principio puede no ser lo que tu pareja más necesita recibir. Ahí es donde se separan los perfiles de las parejas largas: tú sigues dando lo que te sale natural mientras el otro echa de menos otra cosa. Qué hacer cuando los lenguajes no coinciden lo tratamos en el texto sobre lenguajes del afecto distintos.

Si quieres ver los dos perfiles uno al lado del otro, ahí está el Test de lenguajes del afecto. Tiene cuarenta preguntas, lleva unos seis minutos y mide por separado cómo expresas el amor y cómo necesitas recibirlo. Para las parejas de largo recorrido, la comparación de pareja es lo más valioso: enseña dónde se han ido separando con los años lo que expresan y lo que necesitan, muchas veces justo donde se apagó la chispa sin ruido.

Los rituales funcionan mejor que la espontaneidad

Existe la idea romántica de que el amor de verdad debe ser espontáneo y de que agendar la cercanía es artificial. Ocurre lo contrario. La espontaneidad casi nunca aparece en la trituradora del trabajo, los hijos y el cansancio; nunca hay un momento adecuado. Lo que mantiene a flote una relación es la regularidad.

John Gottman, que pasó décadas estudiando parejas en su "laboratorio del amor", habla de rituales de conexión. Son momentos pequeños y repetidos con los que puedes contar porque ocurren igual cada vez. No son emocionantes, y justo por eso duran. Forman el esqueleto que sostiene una relación incluso los días sin ganas.

Algunos rituales que vale la pena montar:

  • El café de la mañana juntos, diez minutos, antes de que arranque el día y alguien toque el móvil.
  • Un paseo corto después de cenar, cuando es más fácil hablar de aquello para lo que el día no dejó sitio.
  • Una vez por semana, quince minutos para decir qué te gustó, qué te molestó y qué viene la semana que entra. No es una pelea, es mantenimiento rutinario.
  • Una despedida y un recibimiento que duren más de un segundo: un abrazo en la puerta que espere a que los dos suelten los hombros.

La magia de los rituales está en que te quitan la decisión de encima. No tienes que reunir voluntad cada vez para "hacer algo por la relación". Simplemente es viernes por la tarde, así que toca paseo, punto. Lo que se repite solo no depende de tu humor.

Cuando ya no es solo rutina

Todo lo anterior vale para una relación que solo ha acumulado polvo. Pero el aburrimiento y el distanciamiento no son lo mismo, y conviene llamarlo por su nombre. Aburrimiento significa que se siguen queriendo y solo se han quedado sin energía, así que basta con avivar el fuego. El distanciamiento está más abajo: han dejado de importarles en qué piensa el otro, y una tarde juntos no despierta nada.

Una señal aún más seria la describió, otra vez, Gottman. Identificó cuatro patrones de comunicación que llama los cuatro jinetes y que predicen la ruptura con bastante fiabilidad: la crítica, la actitud defensiva, el bloqueo y, sobre todo, el desprecio. Ese último, la burla, el desdén y el sarcasmo dirigidos a tu pareja, es el más destructivo. Si aparece dentro del aburrimiento, no es una chispa apagada sino cimientos dañados.

Aquí no ayudan una escapada de fin de semana ni una afición nueva compartida. Una comunicación que se deteriora pide otro trabajo, y empieza por cómo se hablan los dos. Para eso tenemos una guía aparte sobre cómo mejorar la comunicación en la pareja. Y si el desprecio o una frialdad constante llevan meses instalados y no consiguen salir, no hay ninguna vergüenza en acudir a terapia de pareja. Cuanto antes, mejor, porque las parejas entran en terapia de media años después de que empezara el problema.

Una chispa apagada es una invitación, no una sentencia. Una relación que sobrevivió al enamoramiento puede volverse más sólida que aquella fiebre inicial, pero no sola. Elige una cosa de este texto para probar juntos esta semana, a ser posible algo que no hayan hecho antes. Mira si se mueve algo. Y si se mueve, no será casualidad.

Test recomendado

Prueba el Test de lenguajes del afecto

Descubre más sobre ti - el test es gratuito y obtienes los resultados al instante.

Empezar test

Más artículos en Relaciones y comunicación