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¿Alondra o búho? ¿Y qué tan firme es tu ritmo? Sus mejores horas del día las tiene todo el mundo; lo que pasa es que la mayoría se las pasa en reuniones y con pequeñeces. El test averigua cuándo piensas mejor y qué te hace una rutina desplazada, y por las dos cosas te sitúa en uno de los seis perfiles.
El test no mide solo si te gusta levantarte, sino cuándo piensas mejor, y qué le hace a eso un cambio de rutina.
El eje del cronotipo te sitúa entre la alondra y el búho y te muestra en qué parte del día suele caer tu mejor ventana para el trabajo difícil.
El segundo eje mide qué te hace un cambio de rutina: una noche de fiesta, un turno, un viaje a otro huso horario. A unos no los descoloca nada; otros lo pagan con varios días de arranque lento.
Cuándo hacer lo más difícil, adónde mover la rutina, cuándo meter el ejercicio y cuándo irte a dormir. Los consejos cambian de un perfil a otro, porque también cambia tu punto álgido.
En cada afirmación indicas en una escala de 1 a 5 hasta qué punto te describe. Responde pensando en tus días normales, no en aquella semana en la que te acostabas a las tres.
Con tus respuestas calculamos al momento los dos ejes, te situamos en el mapa del ritmo y determinamos cuál de los seis perfiles es el tuyo.
En la versión ampliada obtienes el perfil completo de tu ritmo y un plan del día a tu medida, incluido qué hacer cuando la rutina no te encaja.
El perfil nace de dos ejes: cuándo tienes energía (alondra - paloma - búho) y qué tan firme es tu ritmo (flexible - fijo). Tres franjas por dos ritmos dan seis combinaciones.
El test de cronotipo averigua en qué momento del día tienes más energía y la cabeza más clara: si te inclinas más hacia la alondra o hacia el búho, y qué tan marcada es esa inclinación en tu caso. El cronotipo no es una costumbre ni una cuestión de disciplina: el reloj interno del cuerpo va un poco distinto en cada persona, y con él se desplaza también la hora a la que pensar te cuesta menos. Nuestro test tiene 24 ítems propios, doce por cada eje, y te calcula la puntuación de los dos.
El resultado se apoya en dos ejes. El primero es el cronotipo, es decir, cuándo tienes energía. En un extremo está la alondra, con su punto álgido por la mañana; en el otro, el búho, al que la cabeza se le enciende al caer la noche; y entre los dos, la paloma, con el punto álgido alrededor del mediodía, que es donde cae la mayoría de la gente. El segundo eje es la estabilidad del ritmo, es decir, cuánto te descoloca un cambio de rutina. Un ritmo fijo significa un día previsible y la certeza de saber cuándo te van a salir bien las cosas, pero también varios días de arranque lento después de cada noche larga; un ritmo flexible se dobla sin protestar, aunque a cambio se descontrola por su cuenta cuando nada lo sujeta. El cruce de los dos ejes da seis perfiles, del Reloj matutino al Surfista nocturno.
El test parte de la investigación sobre los ritmos circadianos y los cronotipos, pero tanto los ítems como la evaluación son nuestros. Toma por eso el resultado como un perfil orientativo de autoconocimiento y como un punto de partida para planificar tu día, no como un diagnóstico del sueño: si los problemas de sueño te acompañan durante mucho tiempo, eso es cosa del médico y no de un test en línea. Además, el ritmo del día tiene que ver con otras cosas: según la investigación, los tipos vespertinos posponen algo más a menudo, así que junto al cronotipo encaja bien el test de procrastinación, mientras que la inclinación matutina suele ir con la responsabilidad, una de las cinco dimensiones del test Big Five. Si a tu cronotipo les añades esos dos, verás el cuadro completo.
Dos cosas a la vez. La primera es el cronotipo, es decir, en qué momento del día tienes más energía y mejor concentración: la escala va de la alondra a la paloma y de ahí al búho. La segunda es la estabilidad del ritmo, es decir, cuánto te descoloca un cambio de rutina: una noche de fiesta, un turno o un viaje a otro huso horario. La combinación de los dos ejes te sitúa en uno de los seis perfiles y, con él, recibes también tu punto álgido habitual del día.
Ninguna de las dos cosas. Cada cronotipo tiene su mejor ventana, solo que cae a otra hora: la alondra lleva ventaja por la mañana, el búho por la noche y la paloma en medio. La diferencia no la marca el tipo en sí, sino hasta qué punto tu horario te deja hacer lo más difícil dentro de tu propia ventana. Los búhos lo tienen más complicado solo porque la escuela y la mayoría de las oficinas empiezan temprano, no porque rindan menos.
En parte. Los hábitos lo mueven alrededor de una hora, excepcionalmente dos: sobre todo la luz de la mañana, una hora fija para levantarse y la luz tenue por la noche. La inclinación de fondo, en cambio, se queda, y forzarla nunca compensa. Por su cuenta sí cambia con la edad: los niños suelen ser de mañanas, en la adolescencia y la primera juventud el ritmo se desplaza hacia la noche y con los años vuelve a adelantarse.
Unos 3 minutos. Te esperan 24 afirmaciones cortas y en cada una eliges hasta qué punto te describe.
El perfil completo de tu ritmo: cómo es tu día, cómo se nota el ritmo en el trabajo y en casa y dónde te aprieta el zapato más a menudo. Además, un plan del día según tu cronotipo: cuándo hacer lo más difícil, adónde mover la rutina, cuándo meter el ejercicio y las comidas y cuándo irte a dormir. Y encima una sección para los momentos en que la rutina no te encaja: turnos, madrugones o viajes.
24 preguntas. 3 minutos. Resultados al instante.
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