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¿Tu éxito te pertenece? Mucha gente hace un buen trabajo mientras espera en silencio el día en que se descubra que en realidad no daba la talla. El test mide qué tan fuertes son esas dudas en ti y, sobre todo, de dónde salen: si de la sensación de que más bien interpretas tu papel, de la costumbre de restar importancia a todo lo que sale bien, o de la convicción de que detrás de tus resultados estuvo sobre todo la suerte.
El test no mide solo si dudas de ti, sino sobre todo de dónde nacen esas dudas.
La puntuación global te sitúa en una de las cuatro franjas, de las dudas mínimas a las fuertes, así que ves enseguida qué tamaño tiene el tema en tu caso.
De las tres fuentes ves una puntuación por separado y descubres cuál alimenta más tus dudas y cuál casi no juega ningún papel.
Las dudas no se pueden apagar, pero sí desaprender. Recibes cinco técnicas concretas apuntadas exactamente a tu fuente principal.
En cada afirmación indicas en una escala del 1 al 5 hasta qué punto te describe. No le des muchas vueltas: la primera respuesta suele ser la más precisa.
Con tus respuestas calculamos enseguida la puntuación global y la de las tres fuentes, y determinamos cuál va en cabeza en tu caso.
En la versión ampliada obtienes el perfil completo, la descripción de tu fuente principal de dudas y las técnicas que funcionan justo con ella.
La sensación de no pertenecer al sitio donde estás no tiene una sola causa. Estas tres fuentes son las que están detrás con más frecuencia y cada una necesita una respuesta distinta. Las tres están en cada uno de nosotros; lo que decide es su proporción.
El síndrome del impostor es la sensación de que tu éxito no es del todo mérito tuyo - de que llegaste a tu puesto más bien por error y de que tarde o temprano se va a saber. También se le llama fenómeno del impostor y no es un trastorno ni un diagnóstico: es un patrón de vivencia que la mayoría de la gente conoce en algún momento, y que se asoma justo en quienes tienen resultados detrás. Nuestro test tiene 21 preguntas propias, siete por cada fuente de duda, y te calcula la puntuación global, tu franja y de dónde salen realmente tus dudas.
Las dudas sobre tus propias capacidades tienen tres fuentes distintas. La sensación de impostura es el supuesto silencioso de que tu lugar le pertenece a alguien más capaz - por eso te preparas más de lo necesario y prefieres no preguntar. La desvalorización del éxito es la costumbre que le quita peso a cada buen resultado: fue fácil, el mérito es del equipo, y de todos modos el listón sube enseguida. El azar y las circunstancias describen esa forma desigual de explicar las cosas en la que el fracaso es cosa tuya, pero el éxito es cosa del momento y de una racha favorable. Según tu franja y tu fuente más fuerte, el test te sitúa en uno de los 10 perfiles - y eso importa, porque la técnica que funciona contra la sensación de interpretar un papel no sirve de nada contra la desvalorización de los logros.
El concepto lo describieron las psicólogas Pauline Clance y Suzanne Imes a finales de los años setenta, pero tanto las preguntas como la evaluación de nuestro test son propias. Tómalo por eso como autoconocimiento orientativo, no como diagnóstico: no es una enfermedad ni un trastorno, no figura en la clasificación de los trastornos mentales, y la sensación de no pertenecer al sitio donde estás la conocen también personas en las que jamás la buscarías. Además, las dudas sobre uno mismo no están solas - se relacionan con el neuroticismo, una de las cinco dimensiones del test Big Five, y con la perseverancia, que traza el test de perseverancia (grit). Si les sumas esos dos, verás el cuadro completo.
El síndrome del impostor es la sensación de no tener del todo merecido tu éxito y de que tarde o temprano se va a saber. El test mide qué tan fuertes son esas dudas en ti y distingue tres fuentes: la sensación de impostura, la desvalorización del éxito y atribuir los resultados al azar y a las circunstancias. Las tres están en ti; lo único que cambia es su proporción - y justo esa proporción decide qué te va a funcionar.
No. En el DSM, es decir, en la clasificación de los trastornos mentales, lo buscarías en vano - no es un trastorno ni una enfermedad, sino una forma de vivirse a uno mismo con la que te encuentras de manera completamente común. Le pasa también a gente con una larga lista de cosas terminadas detrás; solo que en voz alta se habla poco de ello, así que cada quien se siente la única persona a la que le pasa. Por eso el resultado del test es autoconocimiento orientativo, ni más ni menos. Pero si las dudas te quitan durante mucho tiempo la alegría del trabajo, o se les suma la ansiedad, tiene sentido hablarlo con un profesional.
Sí. Las dudas son un hábito de la mente, no un hecho sobre tus capacidades, y un hábito se puede desaprender - solo hay que apuntar a la fuente correcta. Contra la sensación de estar interpretando un papel funciona decir la duda en voz alta y anotar lo que está realmente terminado; contra la desvalorización de los logros, un elogio aceptado sin coletilla y una carpeta de pruebas; contra la explicación de “fue suerte”, desglosar el éxito en los pasos que diste tú. En la versión ampliada recibes cinco técnicas así, elegidas exactamente para tu fuente.
Unos 3 minutos. Te esperan 21 afirmaciones cortas y en cada una eliges hasta qué punto te describe.
La puntuación global y tu franja, la puntuación de las tres fuentes, tu perfil entre 10 combinaciones de franja y fuente, la descripción de cómo funciona tu fuente principal y qué la dispara, la información sobre dónde pisas firme y cinco técnicas concretas de “Qué hacer” elegidas para tu fuente.
21 preguntas. 3 minutos. Resultados al instante.
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