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Emprendimiento y liderazgo

Conflictos en el equipo - por qué surgen y cómo resolverlos

Los conflictos en el equipo son inevitables. Etapas de Tuckman, los 5 estilos de Thomas-Kilmann y consejos prácticos para resolverlos.

Pedro acaba de estrenar su primer equipo. Cinco personas, un proyecto nuevo, tres meses para entregar. Las dos primeras semanas todos se tutean, comen juntos y comparten entusiasmo. En la cuarta semana, la analista Clara choca con el desarrollador Jaime por la arquitectura de la solución. En la quinta, dos personas se quejan de que Pedro tarda demasiado en decidir. En la sexta, Pedro se pregunta: "¿En qué me he equivocado?"

La respuesta es: en nada. Lo que está viviendo Pedro lo describió el psicólogo Bruce Tuckman ya en 1965. Y tiene nombre.

Las etapas de desarrollo de equipos de Tuckman

Tuckman analizó decenas de estudios sobre dinámica de grupos e identificó cuatro etapas por las que pasa prácticamente cualquier equipo. Más tarde añadió una quinta, pero las cuatro originales son las que de verdad cuentan.

Formación: el tanteo cortés

La gente se conoce, descubre las reglas, intenta causar buena impresión. Los conflictos son mínimos porque nadie quiere arriesgarse. Resulta agradable, pero la productividad es baja. El equipo todavía no es un equipo. Es un grupo de individuos que coinciden en las mismas reuniones.

Conflicto: la tormenta que tiene que llegar

Aquí es donde todo estalla. Cada cual empieza a empujar su opinión, surgen desacuerdos sobre prioridades, roles y formas de trabajar. Algunos conflictos son de tarea (cómo resolver un problema), otros son personales (quién tiene qué autoridad). Suben las emociones y sube la frustración.

Y aquí viene lo contraintuitivo: la fase de tormenta es normal y necesaria. Un equipo que nunca la atraviesa nunca construirá confianza real. Piénsalo como el entrenamiento. Los músculos tienen que sobrecargarse antes de fortalecerse. El conflicto dentro de un equipo funciona igual.

Normalización: encontrar reglas compartidas

Tras la tormenta llega la calma, pero esta vez es auténtica. El equipo desarrolla normas de colaboración, no las formales de la presentación de bienvenida, sino las reales: quién responde rápido, quién necesita espacio, cómo se resuelven las discrepancias. La gente empieza a entender las fortalezas de los demás.

Desempeño: resultados de verdad

Solo llegan a esta etapa los equipos que superan con éxito la tormenta. El trabajo fluye, los conflictos se resuelven rápido y sin ataques personales, los roles están claros. La investigación de Marcial Losada y Emily Heaphy (2004) encontró que los equipos de alto rendimiento mantienen una proporción de interacciones positivas frente a negativas de aproximadamente 6:1. No porque eviten los desacuerdos, sino porque los gestionan de forma constructiva.

Por qué la mayoría de los equipos se atasca en la tormenta

El modelo de Tuckman parece una línea recta. En la práctica, los equipos suelen retroceder. Un miembro nuevo, un cambio de alcance, una crisis, y vuelves al principio. Pero la razón principal del atasco es otra: el responsable intenta sofocar la tormenta.

Imagina la escena. Dos personas del equipo discrepan sobre un enfoque. El responsable interviene de inmediato, decide por ellas y dice "sigamos adelante". El conflicto desaparece de la superficie, pero queda sin resolver. La próxima vez volverá con otra forma. Y la siguiente también. El equipo oscila entre formación y tormenta sin avanzar nunca.

¿Qué papel juegas tú de forma natural en tu equipo y cómo moldea la dinámica del grupo? Un test de roles de equipo puede ayudarte a averiguarlo.

Los 5 estilos de conflicto de Thomas-Kilmann en el equipo

En 1974, Kenneth Thomas y Ralph Kilmann describieron cinco estilos de gestión del conflicto a partir de dos ejes: la asertividad (con cuánta fuerza defiendes tu posición) y la cooperación (cuánto tienes en cuenta a la otra persona). Dentro de un equipo, cada estilo adopta una forma reconocible.

Estilo Asertividad Cooperación En un equipo suena así...
Competir alta baja "Lo decido yo, no tenemos tiempo de debatir."
Colaborar alta alta "Sentémonos y busquemos una solución que sirva a todos."
Ceder a medias media media "Tomamos una parte de tu propuesta y otra de la mía."
Evitar baja baja "Ya se arreglará solo." (No se arregla.)
Acomodarse baja alta "Vale, lo hacemos a tu manera, a mí me da igual."

En un equipo hay una regla menos evidente que en un conflicto de dos: tu estilo afecta a todo el grupo, no solo a ti. Cuando quien lidera compite de forma crónica, el equipo aprende a acomodarse o a evitar. Cuando quien lidera evita de forma crónica, los conflictos escalan porque nadie los aborda.

Cuándo el conflicto es productivo y cuándo es destructivo

En los años noventa, Karen Jehn, de la Wharton School, distinguió dos tipos de conflicto de equipo, y la diferencia pesa mucho:

El conflicto de tarea es el desacuerdo sobre cómo sacar el trabajo adelante. Qué tecnología usar, cuál es la estrategia correcta, cómo interpretar los datos. Un nivel moderado de conflicto de tarea beneficia al equipo, porque obliga a pensar, a argumentar y a cuestionar supuestos.

El conflicto de relación implica roces personales, antipatía y sensación de falta de respeto. Este tipo de conflicto es casi siempre destructivo. Reduce la confianza, aumenta el estrés y hace que la gente deje de compartir información.

¿El problema? El conflicto de tarea se desliza con facilidad hacia el conflicto de relación. Jaime dice "esa propuesta no tiene sentido" y Clara escucha "tú no tienes sentido". El paso de una discrepancia objetiva a un ataque personal suele ser sutil y rápido.

Cómo moldea tu personalidad tu estilo de conflicto

En el modelo Big Five, dos dimensiones pesan más que ninguna en la conducta ante el conflicto dentro de un equipo: la amabilidad y la extraversión (en concreto su faceta de asertividad).

Una amabilidad alta empuja hacia acomodarse y evitar. Las personas amables tratan de mantener la armonía de forma natural. Suelen caer bien en sus equipos, pero corren el riesgo de no expresar nunca su opinión real. La investigación de Timothy Judge y colegas (2002) mostró que la amabilidad correlaciona negativamente con el salario, en parte porque las personas amables negocian menos y confrontan menos.

Una amabilidad baja correlaciona con el estilo de competir. A estas personas no les cuesta expresar desacuerdo, pero en un equipo pueden acabar percibidas como oposición permanente. Curiosamente, a corto plazo suelen ser mejores negociadoras. A largo plazo, en cambio, dañan las relaciones del equipo.

Una responsabilidad alta tiene un efecto sorprendente: quienes puntúan alto tienden a buscar el punto medio. Quieren que las cosas funcionen y están dispuestos a ceder terreno si eso lleva a resultados. Al mismo tiempo defienden los estándares, así que cuando se trata de calidad, compiten.

El neuroticismo complica toda la dinámica. Las personas con neuroticismo alto viven los conflictos con más intensidad y tardan más en recuperarse. En un equipo esto significa que un intercambio de opiniones subido de tono puede afectar a alguien durante días, mientras que otra persona lo ha olvidado a la hora de comer.

¿Te da curiosidad dónde te sitúas en estas dimensiones? El test de personalidad Big Five mide los cinco rasgos y muestra cómo se manifiestan en el día a día, incluida tu forma de gestionar las discrepancias.

Consejos prácticos para quien dirige

  • Normaliza la tormenta. Dile al equipo que los desacuerdos forman parte del proceso. La frase "es normal que ahora discrepemos, significa que nos importa el resultado" tiene un efecto sorprendente.
  • Separa los conflictos de tarea de los de relación. Cuando una discusión empiece a derivar hacia lo personal, ponle nombre. "Volvamos al fondo del asunto. ¿Qué opción prefieres y por qué?"
  • No decidas por el equipo demasiado pronto. Antes de decir "lo hacemos así", dale a la gente espacio para defender su posición. Una decisión que el equipo cocrea es una decisión que seguirá de mejor gana.
  • Fíjate en quienes callan. Todo equipo tiene personas que enmudecen durante un conflicto. Eso no significa que estén de acuerdo. Significa que están evitando. Pídeles su punto de vista, pero en un entorno seguro, por ejemplo cara a cara.
  • Busca patrones. Si dos personas chocan una y otra vez, el problema probablemente no sea el tema concreto. Es más probable que haya un choque de estilos de comunicación o unos roles poco definidos.

Consejos prácticos para quien forma parte del equipo

  • Formula el desacuerdo en términos objetivos. En lugar de "es una mala idea", prueba con "veo un riesgo aquí, en concreto...". Criticar una idea y criticar a una persona suenan parecido, pero el impacto es completamente distinto.
  • Reconoce tu estilo por defecto. ¿Rehúyes la confrontación? ¿Sueles imponer tu criterio pase lo que pase? Darte cuenta de tu propio patrón es el primer paso para cambiarlo.
  • No interpretes la discrepancia como un ataque. Cuando un compañero cuestiona tu propuesta, prueba a verlo como interés por la calidad del resultado. No siempre es fácil, pero la mayoría de las veces está más cerca de la verdad.
  • Di lo que necesitas. "Necesito un día para pensarlo" es una respuesta perfectamente válida. Y "necesito más contexto sobre por qué lo ves distinto", también. Comunicar tus necesidades de forma explícita reduce el roce.

Cuándo el conflicto se desmadra

Hay una línea a partir de la cual el conflicto de equipo deja de ser una oportunidad de crecimiento y se vuelve tóxico. Se reconoce por varias señales: la gente deja de comunicarse directamente y habla "a través de" alguien, aparecen los insultos personales, alguien empieza a sabotear a propósito el trabajo de un compañero, o el equipo se parte en bandos que se niegan a cooperar.

En esas situaciones no basta con esperar a que pase. Amy Edmondson, de Harvard (2018), muestra que sin seguridad psicológica, es decir, sin la creencia de que no te van a castigar por hablar con honestidad, los equipos se repliegan a la defensiva y dejan de funcionar. Restaurar la seguridad psicológica tras un conflicto destructivo exige un esfuerzo deliberado: nombrar el problema, fijar reglas básicas de comunicación y, a veces, traer a alguien externo que facilite el proceso.

Lo más útil que puedes hacer por tu equipo no es evitar el conflicto. Es aprender a permanecer en él el tiempo suficiente para extraer lo que ofrece: mejores decisiones, comprensión más profunda y vínculos más sólidos entre personas que han atravesado juntas algo difícil.

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