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Personalidad y autoconocimiento

Honestidad-Humildad: el sexto factor del HEXACO

Qué mide el factor H: sinceridad, justicia, modestia e independencia del dinero. Cómo se comporta una H alta y una baja, y qué no ve el Big Five.

En tu cuenta entran trescientos euros más de los que deberían. La persona de nóminas se equivocó con las horas extra y por ahora nadie se ha dado cuenta.

Lucía lo descubre el sábado por la mañana revisando los movimientos y el lunes a las nueve llama a recursos humanos. Javier también lo ve, solo que deja el dinero donde está. No miente ni roba a nadie, simplemente espera a ver si alguien lo detecta. Cuando pasan dos meses sin que aparezca un alma, se compra una bicicleta.

Ninguno de los dos ha incumplido la ley. Los dos son fiables, los dos sacan su trabajo adelante y en la evaluación del jefe salen casi igual. La diferencia entre ellos no está en la inteligencia ni en la responsabilidad, sino en un rasgo que la psicología llama honestidad-humildad y que en el modelo de seis factores HEXACO lleva la letra H.

Cuatro caras de un mismo rasgo

El factor H no describe una sola cualidad, sino cuatro tendencias emparentadas que se sostienen entre sí más de lo que uno esperaría. Quien puntúa alto en una suele puntuar alto también en las tres restantes.

Componente De qué habla Cómo se reconoce
Sinceridad Si necesitas un atajo para conseguir lo tuyo No le dice al compañero lo que este quiere oír solo para ganárselo
Justicia La disposición a no aprovechar la posición débil del otro Devuelve un importe mal facturado aunque nadie fuera a notarlo
Modestia Cuánto trato especial crees que te corresponde No insiste en que las reglas se doblen por él
Independencia del dinero y del estatus Con qué fuerza te atraen la riqueza y las insignias de posición Un objeto caro no le tienta como prueba de haber llegado a algún sitio

La sinceridad no significa aquí que le digas a cada uno a la cara lo que piensas de él. Se trata de otra cosa: de si para conseguir lo que quieres necesitas un halago, una versión retocada de la realidad o una pequeña manipulación. Quien tiene la H alta parece a veces aburridamente directo, porque no tiene un segundo fondo con el que trabajar.

La justicia se reconoce en los momentos en que la otra parte está en desventaja y nunca llegará a saberlo. Una factura inflada a un cliente que no conoce el sector. Una dieta de viaje que nadie revisa. Una condición escondida en un párrafo que sabes que la otra parte no va a leer.

La independencia del dinero y del estatus suena a pregunta para millonarios, pero se decide en cantidades absolutamente corrientes. ¿Cuánto te atrae eso en lo que los demás notan lo que costó? ¿Cuánto riesgo estás dispuesto a asumir por un dinero que tú mismo sabes que no necesitas? La gente con la H alta no suele ser pobre ni ascética, es que las posesiones no tiran de ella lo suficiente como para ceder por ellas en otro sitio. Este es precisamente el componente que toma la palabra en las decisiones donde hay algo tangible en juego.

Y la modestia tiene en este modelo un significado distinto del habitual. No mide la seguridad en uno mismo ni la timidez. Alguien con la H alta puede tener una opinión bastante buena de sus capacidades y hablar de ellas en voz alta sin problema. Lo que no deduce es que por eso le corresponda un trato distinto al de los demás. Esa es también la razón de que una modestia baja no sea lo mismo que una autoestima sana, y de que no se cure con elogios.

La H alta se ve cuando nadie mira

La mejor prueba de este rasgo es una situación sin testigos. Una cartera en la acera. Una barrera del aparcamiento que no funciona. Un proyecto en el que puedes apuntarte un trozo de trabajo que hizo otra persona y nadie va a poder rastrearlo.

La gente con la H alta se comporta en esos momentos igual que bajo supervisión. Y no por heroísmo ni por autocontrol. La mayoría cuenta que ni siquiera llegó a pensar en esa posibilidad, porque no la registró como una oferta. Donde otro ve una oportunidad, ellos ven solo un fallo en el sistema.

En la práctica se nota en detalles pequeños. Negocian menos duro de lo que podrían. Les cuesta venderse y en una entrevista prefieren mencionar lo que todavía no saben hacer. Prometen con cuidado, porque dan por hecho que tendrán que cumplirlo. Y cuando en el equipo se reparte el mérito, tienden a retirarse incluso cuando han hecho la mayor parte.

Esa última frase apunta a que la H alta no es gratis. Quien no sabe defender lo que le corresponde recibe una parte más pequeña, y eso se acumula con los años. Por un trabajo comparable negocia una retribución más baja, porque simplemente no pide más. A ello se añade la tendencia a creer en las buenas intenciones más tiempo de lo razonable. Una persona con la H alta a la que han engañado defiende a menudo a la otra parte diciendo que seguro que solo se equivocó.

La H baja de cerca

Describir la H baja como un defecto de carácter sería cómodo e impreciso. Mira cómo se manifiesta y verás más bien otro modo de tratar con la gente que mala voluntad.

La base es el cálculo estratégico: los demás forman parte de una ecuación, no son solo compañía. Cuando negocias, tienes en la cabeza qué necesita oír esa persona para venir a tu encuentro. A eso se suma la sensación de tener derecho, esa suposición callada de que tu situación es excepcional y la regla habitual no encaja del todo con ella. Y a menudo también la capacidad de encandilar, que la gente con la H baja usa con toda naturalidad y sin culpa.

Esta combinación tiene ventajas reales. En una negociación comercial se pierde menos dinero. En la política interna de una empresa alguien así se orienta antes que los demás y sabe nombrar quién decide de verdad sobre qué. No le da miedo pedir un ascenso, un precio más alto ni una excepción, y cuando algo nuevo arranca, su disposición a empujar los límites suele ser lo que mantiene el proyecto con vida. La investigación sobre primeras impresiones muestra además, una y otra vez, que en las primeras semanas estas personas parecen más seguras y más interesantes que sus compañeros más modestos. La valoración cae con el tiempo, a medida que se acumula la experiencia compartida.

La H baja tampoco es un diagnóstico. Se mueve en una escala en la que la mayoría de la gente está en algún punto intermedio, no en categorías separadas con nitidez. Solo en el extremo se solapa con algo más serio: en 2005 Kibeom Lee y Michael Ashton compararon maquiavelismo, narcisismo y psicopatía con los dos modelos de personalidad y comprobaron que en HEXACO lo que los une es sobre todo una H baja, mientras que en el modelo de cinco factores se dispersan entre varias escalas distintas. Dónde pasa exactamente la frontera entre una ambición sana y algo que ya daña al entorno lo desarrolla el texto sobre la relación entre el factor H bajo y la tríada oscura.

Por qué este rasgo no aparece en el Big Five

El Big Five no nació en un despacho. Parte de la hipótesis léxica, según la cual todas las diferencias importantes entre personas acaban asentándose en el lenguaje corriente. Los investigadores tomaron por eso un diccionario, sacaron de él los adjetivos que describen el carácter, los hicieron valorar por muestras grandes de personas y observaron cuáles se agrupaban. En inglés salieron repetidamente cinco grupos.

La cosa se puso interesante cuando el mismo procedimiento se repitió en otros sitios. Michael Ashton, Kibeom Lee y sus colegas resumieron en 2004 estudios léxicos de siete idiomas, entre ellos el coreano, el húngaro, el italiano, el polaco y el alemán. En todos ellos aparecieron seis grupos en lugar de cinco, y el sexto giraba alrededor de palabras como sincero, honesto, codicioso, jactancioso o hipócrita. En inglés encajaba en los otros factores de forma lo bastante discreta como para que los análisis anteriores lo pasaran por alto.

¿Adónde fue entonces el contenido del factor H en el Big Five? Se disolvió, sobre todo en la amabilidad. El problema es que la amabilidad del modelo de cinco factores mezcla dos cosas distintas: si eres cordial con la gente y si al mismo tiempo no la utilizas. Por eso alguien puede salir como una persona extraordinariamente amable y tratarte de forma puramente instrumental, siempre que lo haga con una sonrisa. HEXACO separa esas dos cosas, incluso al precio de que su propia amabilidad signifique después algo diferente, sobre todo templanza, paciencia y capacidad de perdonar. Seis factores no son, por tanto, cinco factores más uno de propina: todo el sistema de ejes ha girado. De eso habla con más detalle el repaso a qué es HEXACO.

Confianza en el trabajo y en casa

Sobre el rendimiento laboral corriente el factor H influye poco. Donde se manifiesta del todo es en la zona gris, es decir, en las situaciones que ningún procedimiento cubre. La H baja aparece una y otra vez en la investigación sobre conductas contraproducentes en el trabajo: desde doblar un poco las reglas hasta apropiarse del mérito ajeno. Para un empleador es una de las pocas dimensiones de personalidad que habla de riesgo y no de capacidades.

Carmen dirige un equipo comercial de cinco personas y dos veces seguidas contrató al candidato más elocuente del proceso. Los dos arrasaron con las cifras en el primer trimestre. Los dos se marcharon antes de cumplir el año y dejaron tras de sí clientes con promesas imposibles de cumplir dentro de contratos firmados y compañeros que descubrieron que sus propias operaciones habían aparecido en los informes con otro nombre. A la tercera eligió a una persona que en la entrevista pareció bastante menos segura. Un año después tiene el número más bajo de contratos nuevos y el porcentaje más alto de clientes que se han quedado.

En las relaciones la H se manifiesta con un retraso aún mayor. El enamoramiento favorece la seguridad, el encanto y los gestos grandes, que son justo las cosas en las que la H baja brilla. La justicia, en cambio, no se ve hasta que llega una situación en la que se podría ganar algo a tu costa. El reparto del dinero. Una enfermedad que a nadie divierte. Una ruptura en la que se descubre si el otro pelea por sí mismo o contra ti.

Los estudios de parejas sugieren además que en honestidad-humildad la gente elige pareja parecida a sí misma con más claridad que en otros rasgos. Una pareja en la que uno juega sobre seguro y el otro juega a la ventaja llega tarde o temprano a un tema que no se puede partir por la mitad. En los gustos o en el temperamento las diferencias se pueden pulir; aquí siempre cede el mismo de los dos.

¿Cuándo tuviste por última vez la posibilidad de ganar algo en silencio, sin que nadie llegara a enterarse? Intenta recordar la situación concreta y, sobre todo, lo que hiciste, no lo que te gusta pensar de ti. La respuesta a esa pregunta suele decir más que cualquier lista de valores.

Cómo averiguar dónde estás

Con un cuestionario que pregunta por la justicia y la codicia, esperas que todo el mundo mienta. Lo curioso es que en una situación normal eso no ocurre en la medida que cabría suponer. La gente con la H más baja casi nunca ve nada problemático en sus respuestas. Le parece evidente que uno se ocupa sobre todo de sí mismo, y responde en consecuencia. Es distinto allí donde está en juego un puesto o dinero; en cuanto el resultado decide algo, la autoevaluación deja de valer, y ningún test de este tipo tiene sitio en un proceso de selección.

Nuestro test HEXACO tiene 60 preguntas y se hace en unos ocho minutos. Además de la H obtendrás los otros cinco factores, una comparación con el Big Five y un análisis de lo que tu combinación significa en la práctica. La comparación con los demás es orientativa, como en cualquier cuestionario de este tipo.

Junto al resultado vale la pena un método algo más incómodo. Pregunta a dos personas que te hayan visto en una situación en la que podías ganar algo a costa de otro cómo te comportaste entonces. No a tu pareja ni a tu mejor amigo, su sesgo va a tu favor. Un antiguo compañero de trabajo, o alguien con quien repartiste dinero, verá las cosas que tu memoria ha olvidado piadosamente.

Y si al leer la descripción de la H baja te ha venido a la cabeza el nombre de una persona concreta y ni un segundo el tuyo, merece la pena detenerse ahí. Así funciona exactamente este rasgo desde dentro: el cálculo de los demás llama la atención, el propio parece sentido común.

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