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Personalidad y autoconocimiento

Qué es el HEXACO: el modelo de personalidad de seis factores

HEXACO describe la personalidad con seis rasgos. El sexto, honestidad-humildad, es el que Big Five no capta. Así se leen los seis números.

La factura salió dos veces y el cliente pagó las dos. La diferencia son ochocientos euros y, por ahora, nadie se ha dado cuenta al mirar el extracto.

Javier lo ve el martes por la noche. Antes de que amanezca ya ha escrito a la contable para que devuelva el dinero, y añade una frase: el error lo cometió su propio sistema. Sergio, en el mismo puesto, se callaría. No estaría robando nada, simplemente no haría nada y lo dejaría en manos de la otra parte. Y eso que los dos llegan puntuales, los dos terminan lo que prometen y los dos tienen buenas valoraciones de su jefe.

Si describieras a estos dos con los cinco rasgos del modelo Big Five, te saldrían casi iguales. La diferencia que apareció el miércoles por la mañana no cabe en esos cinco números. Es justamente por ella por lo que HEXACO tiene seis factores.

Seis líneas en las que las personas se diferencian

HEXACO es un modelo de personalidad que describe a una persona mediante seis rasgos amplios. Las letras del nombre son las iniciales de esos factores en inglés y, a la vez, un guiño al hexágono: Honesty-Humility, Emotionality, eXtraversion, Agreeableness, Conscientiousness, Openness to Experience.

Igual de importante es lo que el modelo no hace. No te asigna un tipo ni una casilla con nombre. Cada uno de esos seis rasgos es una escala y tú te sitúas en algún punto entre sus dos extremos, en la gran mayoría de los casos más cerca del centro que del borde. El resultado, por tanto, no es una palabra sino seis números, y solo la proporción entre ellos significa algo.

Cada factor se divide además en cuatro aspectos más estrechos llamados facetas. Dos personas con la misma meticulosidad alta pueden ser muy distintas: una tiene el calendario impecable, la otra trabaja de sol a sol y luego tarda veinte minutos en encontrar un contrato. El rasgo amplio marca la dirección, las facetas dicen por dónde va exactamente el camino.

Un rasgo no es un estado de ánimo ni una conducta suelta. Cuando llevas tres noches sin dormir te comportas de forma desagradable aunque tu amabilidad haya salido alta. El modelo describe adónde vuelves en cuanto la presión cede, no lo que haces en la peor hora del mes.

Y una cosa más. Ningún extremo de ninguna escala es el correcto. Una emocionalidad baja no tiene precio en un servicio de urgencias y una alta junto a la cama de alguien que se está muriendo. Una apertura alta ayuda a inventar, una baja a respetar un protocolo del que depende la seguridad. Seis números no son un boletín de notas.

Seis letras y lo que hay debajo

Letra Nombre Qué recoge
H Honestidad-humildad Juego limpio también donde un paso turbio no dejaría rastro. Rechazo a manipular a los demás para beneficio propio, modestia y menos tirón hacia el patrimonio y el estatus.
E Emocionalidad Miedo al peligro físico, ansiedad bajo presión, necesidad de apoyo en los cercanos y vínculo afectivo con ellos.
X Extraversión Lo cómodo que estás entre la gente y la facilidad con la que te haces un sitio en un grupo. Ganas de hablar, energía en compañía, seguridad en situaciones sociales.
A Amabilidad Qué haces cuando alguien te perjudica o te enfada. Disposición a perdonar, suavidad en la crítica, paciencia y capacidad de ceder.
C Meticulosidad Orden, constancia, esmero y reflexión antes de decidir. Con cuánta antelación planificas y con qué rigor vigilas la calidad.
O Apertura Interés por lo nuevo y lo inusual. Curiosidad, imaginación, sensibilidad a la belleza y ganas de cuestionar un procedimiento asentado.

Cinco de los seis te sonarán familiares, porque otros modelos de personalidad los conocen en una forma parecida. El nuevo es H, y vale la pena quedarse en él un rato más.

Una honestidad-humildad alta significa cuatro cosas a la vez: dices las cosas de frente incluso cuando un halago te vendría mejor, no te sirves de los demás en tu propio provecho, el lujo como prueba de éxito no te atrae y no sientes que te corresponda un trato especial. Una puntuación baja no convierte a nadie en delincuente. La mayoría de la gente de la mitad inferior de la escala no robará nada en su vida, solo se mueve por la zona gris con algo más de comodidad: adulan a un jefe del que no piensan nada bueno, doblan una norma cuando la ventaja es lo bastante grande y el riesgo pequeño, y en un conflicto recurren a un argumento que ellos mismos no creen.

El resultado se puede leer de otra manera que letra por letra. Lo que decide es la combinación. Una extraversión alta junto con una H alta produce a alguien que se mete a toda la sala en el bolsillo y aun así no maquilla las cifras. La misma extraversión con una H baja se ve idéntica desde fuera, hasta el momento en que hay dinero de por medio. Casi igual de útil es tu número más bajo, porque señala las situaciones en las que cada paso te cuesta más energía que a los demás. Quien tiene la amabilidad en el fondo de la escala resuelve las disputas rápido y a menudo con una dureza innecesaria. Quien tiene la emocionalidad en el fondo atraviesa una crisis con calma y al mismo tiempo no entiende por qué todos a su alrededor lo pasan tan mal.

Todo lo que cabe bajo este factor y cómo se reconoce en una semana cualquiera lo desarrolla un texto aparte sobre lo que mide la honestidad-humildad.

Cómo se encontró el sexto factor en un diccionario

Detrás de todo el modelo hay una idea llamada hipótesis léxica. Suena sorprendentemente simple: aquello que importa de las personas a lo largo del tiempo acaba teniendo un nombre en el idioma. Así que si quieres saber en qué se diferencian de verdad, no hace falta inventar una teoría. Basta con coger un diccionario y contar qué adjetivos se agrupan entre sí.

Los investigadores procedieron exactamente así. Sacaron del idioma cientos de palabras que describen el carácter, pidieron a grupos grandes que se valoraran a sí mismos y a sus conocidos, y luego buscaron qué palabras iban juntas. En inglés, en los años ochenta y noventa, salieron una y otra vez cinco grupos, hoy conocidos como Big Five. Parecía que el asunto estaba cerrado.

Después alguien aplicó el mismo método a otros idiomas. En coreano, húngaro, italiano, neerlandés, polaco, francés y alemán se hacía oír un sexto grupo de palabras que no quería entrar en los cinco: sincero, codicioso, engreído, hipócrita, modesto. Los psicólogos canadienses Michael Ashton y Kibeom Lee reunieron esos resultados y, desde el cambio de milenio, los publicaron como una estructura de seis factores; su trabajo de revisión con siete idiomas apareció en 2004.

Aquí viene la parte contraintuitiva. Nadie buscaba un sexto factor y no surgió de ninguna teoría sobre la moral. Salió de contar palabras, y sobre todo porque la disciplina dejó por fin de apoyarse solo en el inglés. Cuando más tarde se amplió también la lista inglesa de adjetivos, la honestidad-humildad se hizo oír allí igualmente. Ashton y Lee resumieron el modelo para un público más amplio en 2012 en el libro The H Factor of Personality.

Dónde se separan HEXACO y Big Five

Se te ocurriría que HEXACO es Big Five más una escala. No lo es. Añadir el sexto factor movió también dos de los originales.

Donde mejor se ve es en la ira. En la lectura de cinco factores, el mal genio y la irritabilidad pertenecen al neuroticismo, es decir, a la inestabilidad emocional. HEXACO los traslada a otro sitio: quien salta por una tontería tiene la amabilidad baja. A la emocionalidad le quedan entonces los temores, la ansiedad, la sensibilidad y la necesidad de tener a alguien en quien apoyarse. Puedes ser, por tanto, una persona que tiene miedo a volar, llora con las películas y en diez años no ha levantado la voz.

El segundo desplazamiento tiene que ver con lo que se esconde detrás de la palabra "bueno". Big Five mezcla en una sola escala la bondad y el hecho de no estallar. HEXACO separa esas dos preguntas. La amabilidad responde a qué haces cuando alguien te ha perjudicado. La honestidad-humildad, a qué haces cuando puedes ganar algo a costa de otro y nadie está mirando.

La diferencia entre ambas es bastante grande en la práctica. Una persona con H alta y A baja te devuelve el sobrepago y acto seguido te dice sin rodeos lo que piensa de tu contabilidad. Una persona con H baja y A alta es agradable con todo el mundo, nunca discute y mientras tanto se corta su trozo en silencio. La comparación detallada de ambos modelos, incluido cuándo conviene recurrir a cada uno, está en el texto HEXACO frente a Big Five.

Los tres factores restantes se solapan con bastante fidelidad. Extraversión, meticulosidad y apertura significan más o menos lo mismo en los dos modelos, así que si conoces tus puntuaciones de Big Five ya tienes buena parte del resultado.

Cuándo compensa conocer el sexto número

HEXACO aporta más donde la conducta tiene consecuencias. La línea de investigación en torno a Ashton y Lee encuentra repetidamente una relación entre una honestidad-humildad baja y cosas que nadie quiere en el trabajo: hacer trampas en experimentos, saltarse las normas, actuar a costa de los compañeros. Lo interesante es que la meticulosidad no capta esa diferencia. Una persona cuidadosa y fiable puede ser exactamente tan justa como le convenga en ese momento.

El mismo factor aparece también en otro contexto. Cuando los psicólogos preguntaron qué tienen en común el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía, obtuvieron una respuesta que suena copiada de HEXACO: el núcleo compartido de la llamada tríada oscura está muy cerca del extremo inferior de la escala H.

En lo privado suele ser más útil la pareja E y A. Piensa en Lucía y Álvaro. Cuando el coche se avería tres días antes de las vacaciones, Lucía no duerme hasta bien entrada la noche y repasa en voz alta todas las opciones. Álvaro lo considera un drama innecesario y lo resuelve por la mañana con una llamada al taller. Lucía lee ahí que a él no le importa nada, Álvaro lee ahí que con ella no se puede hablar. Ninguno de los dos es débil ni insensible. Se diferencian en un número y llevan quince años discutiendo por él.

Además del autoconocimiento y las relaciones, los seis factores sirven en unas cuantas situaciones más:

  • Cuando montas un equipo y quieres saber de qué no va a estar pendiente nadie, porque todos tienen la meticulosidad y la apertura igual de ajustadas.
  • Conversaciones sobre dinero, reparto de bonus o de participaciones. Ahí las diferencias en H se manifiestan antes que en ningún otro lado.
  • Entender por qué te agota un trabajo en el que objetivamente eres bueno. Detrás no suele haber incapacidad, sino un rasgo arrastrado a una situación que no le va.
  • El feedback, porque la misma frase cae de forma completamente distinta en alguien con la amabilidad alta y en quien se toma cada comentario como un ataque.

¿Cómo se ve esto en la práctica? Una empresa pequeña ficha a un comercial que en la entrevista ilumina la sala y en el primer trimestre cierra más contratos que nadie del equipo. Al año se ve que la mitad de sus clientes se va, porque les prometió cosas que el producto no hace. En los contratos nadie mintió, simplemente en cada llamada concreta salía a cuenta exagerar un poco. Con la vista atrás esa combinación se nombra fácil: mucha X, poca H. Por adelantado no, y ese es exactamente el motivo por el que una entrevista premia sin fallo a alguien así y por el que la diferencia solo aparece cuando en lugar de los contratos nuevos se empiezan a contar los renovados.

¿Cuándo fue la última vez que pudiste ganar algo a costa de otro sin que se descubriera nunca? ¿Y qué decidió entonces, el riesgo u otra cosa? Si te interesa saber dónde te sitúas en esas seis escalas, nuestro test HEXACO tiene 60 preguntas y se hace en unos ocho minutos.

Dónde choca el modelo

El primer límite es la forma de medir. Respondes tú sobre ti mismo, así que el resultado es tu declaración, no una observación. Con cinco factores eso casi nunca molesta. Con la honestidad-humildad molesta mucho, porque de los seis es la más legible: cualquiera reconoce qué respuesta queda mejor. En el momento en que el resultado tiene consecuencias, por ejemplo en un proceso de selección, los números se desplazan. Usar HEXACO como detector de mentiras con los candidatos no tiene sentido.

El segundo límite es la amplitud. Seis factores son un panorama cómodo, pero promedian detalles que importan en la vida corriente. Dos resultados idénticos en apertura pueden pertenecer a alguien que lee filosofía y no soporta un cambio de menú, y también a quien no lee nada y cambia de país cada año.

El modelo describe, además, pero no explica. Te dice en qué se diferencian las personas entre sí y con cuánta claridad, pero no responde por qué en tu caso salió así ni qué hacer con ello. Los rasgos cambian despacio con el tiempo, más en años que en meses, así que el resultado es una foto, no una sentencia.

El acuerdo entre especialistas tampoco es completo. Una parte de los psicólogos sigue sosteniendo que la solución de cinco factores basta y que la honestidad-humildad es solo una porción marginal de la amabilidad. La disputa se libra con datos de idiomas concretos y aún no ha terminado. Quien afirme que seis es definitivamente lo correcto se está adelantando.

Y una última cosa: HEXACO no es un diagnóstico. No dice nada sobre la salud mental, no pertenece a una consulta y no debe ser el único criterio a la hora de decidir sobre personas. La comparación con los demás tómala como orientativa, no como una posición exacta en la población.

Antes de rellenar cualquier cuestionario

Prueba un ejercicio. Elige a tres personas que conozcas bien y adivina de cada una solo dos cosas: cómo reacciona cuando alguien la perjudica y qué hace cuando puede ganar algo y nadie lo controla. Con la primera irá casi sola. Con la tercera lo más probable es que descubras que de ella sabes sobre todo lo agradable que resulta. Exactamente en ese punto los cinco factores dejan de bastar.

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