En una capacitación de empresa acaba de empezar la pausa para el café. Diez minutos después hay junto a la ventana un corrillo de seis personas que por la mañana no se conocían, y en medio de ellas una sola que las juntó. No organizó nada: se puso a hablar y los demás se fueron sumando.
La tipología clásica de los cuatro temperamentos tiene un nombre para esa persona: sanguíneo. De los cuatro tipos es el que se reconoce más deprisa, porque su rasgo principal se oye desde el otro extremo de la sala. Y a la vez es de los más subestimados, porque quienes lo rodean confunden su ligereza con superficialidad.
Lo reconoces antes de que diga su apellido
El sanguíneo no entra en una sala, más bien se desliza en ella. En cinco minutos ya sabe junto a quién se va a sentar, y un desconocido se convierte con él en conocido en lo que dura un café. Habla con las manos y desviarse hacia una anécdota es en él casi la regla, porque suele resultar más interesante que el propio tema.
La segunda señal es la rapidez con la que le cambia el ánimo. Por la mañana algo lo enfada y al mediodía ya es una anécdota graciosa. No carga con los agravios, así que puedes discutir con él y sentarte a comer una hora después como si no hubiera pasado nada.
La tercera señal aparece solo con el trato largo. El sanguíneo necesita público. Cuando habla en una sala vacía, la energía se le evapora en un momento, porque su combustible no son las ideas en sí, sino la reacción que provocan.
Y luego está su comportamiento en una cola, en una sala de espera y en cualquier otro sitio donde no pasa nada. El aburrimiento lo aguanta menos rato que los otros tres tipos. Saca el teléfono, se pone a charlar con un desconocido o propone resolverlo por otra vía, solo para que algo se mueva.
La última pista es su memoria para las personas, no para los datos. El sanguíneo quizá no recuerde qué decía el correo, pero sabrá que a la compañera de contabilidad la operaron de la rodilla y cómo salió la boda de su hijo. En una empresa donde la mitad de la información viaja por el pasillo, esa es una ventaja que ningún sistema sustituye.
¿Cuándo fue la última vez que saliste de un evento ruidoso con más energía de la que llevabas al entrar? La respuesta a esa única pregunta separa a tus compañeros con más fiabilidad que la mayoría de los cuestionarios.
De dónde salió la sangre de ese nombre
El nombre viene del latín sanguis, es decir, sangre. Hipócrates sostenía hacia el año 400 antes de nuestra era que el carácter lo determina la proporción de los cuatro fluidos corporales, y que en el tipo vivaz y alegre predominaba justamente ese fluido. Los cuatro tipos los bautizó seis siglos más tarde el médico romano Galeno.
La teoría de los fluidos quedó atrás hace mucho, pero la observación que había detrás sobrevivió. En el siglo XX trabajó con ella el psicólogo británico Hans Eysenck, que describió la personalidad con dos ejes: el grado de extraversión y la estabilidad emocional. En su cuadrícula el sanguíneo sale como extravertido estable, o sea, una persona vuelta hacia fuera y a la que las cosas no le duran mucho tiempo dentro.
A un lugar muy parecido llegó por otro camino Iván Pávlov. En sus experimentos con perros distinguía tipos de sistema nervioso, y al sanguíneo le correspondía el tipo fuerte, equilibrado y ágil. Toda la línea que va de Hipócrates a la psicología moderna la repasa el texto sobre los cuatro temperamentos.
Lo que el sanguíneo hace mejor que los otros tres tipos
Su cualidad más útil aparece en el momento en que un grupo se atasca. Donde los demás se encogen de hombros y esperan instrucciones, el sanguíneo llega con una propuesta y enseguida encuentra a alguien para ella. No tiene por qué ser la mejor idea de la sala, pero es aquella alrededor de la cual la gente por fin se mueve.
La segunda ventaja es su resistencia al rechazo. Llama a diez personas, siete le dicen que no y él lo toma como parte del juego, no como un veredicto sobre sí mismo. Después de un mal día se sacude hasta la mañana siguiente y encuentra un motivo para volver a intentarlo.
Nicholas Epley y Juliana Schroeder (2014) demostraron que ese enfoque compensa más de lo que esperamos. A varios pasajeros del tren de cercanías de Chicago les pidieron que entablaran conversación con un desconocido durante el trayecto. Los participantes calculaban de antemano que sería incómodo y que el otro los rechazaría. En realidad valoraron ese viaje como más agradable que quienes fueron en silencio, y el rechazo prácticamente no ocurrió. El sanguíneo no comete ese error de cálculo, porque empieza la conversación antes de que le dé tiempo a pensarla.
¿Cómo se ve esto en la práctica? Nuria entró como administrativa en una empresa industrial. En tres semanas conocía los nombres de la gente del almacén, algo que su predecesor no logró en dos años. Cuando después un cliente necesitó el envío un día antes, no pasó por el sistema de solicitudes: fue a buscar a Ramón a la línea de montaje. El pedido salió en menos de una hora. Formalmente se saltó el proceso, en la práctica salvó el encargo.
Ese es, por cierto, el motivo por el que el componente sanguíneo de un equipo se reconoce más por la velocidad de la información que por el volumen de las reuniones. Las cosas llegan a quienes tienen que resolverlas, porque alguien se sabe sus nombres y no tiene reparo en dirigirse a ellos.
También suele estar infravalorado su papel después de una mala noticia. Cuando llega un anuncio desagradable, los otros tres tipos callan, buscan culpables o calculan consecuencias. El sanguíneo suele ser el primero en decir algo que mueve el ánimo de la sala, y la gente se va con la sensación de que se puede seguir. No ha reducido el problema, solo ha acortado el tiempo que todos pasaron paralizados.
El precio de la ligereza
La mayoría de las debilidades del sanguíneo son su propia fortaleza vuelta al revés. No se trata de dos juegos distintos de cualidades, sino de uno solo que, según la situación, compensa o duele.
| Fortaleza | La misma cualidad, llevada al exceso |
|---|---|
| Se entusiasma rápido | Las cosas a medias se acumulan más deprisa de lo que se cierran |
| Conecta con cualquiera | Muchas relaciones y poca profundidad |
| No carga con los agravios | Se le escapa que la otra parte sí sigue cargando con el suyo |
| Promete ayuda sin dudarlo | Una promesa hecha con entusiasmo puede no llegar viva a la semana siguiente |
| Sabe improvisar | Sin una fecha límite encima no arranca en absoluto |
Donde más se nota es en los cierres. Lo que deja de divertir al sanguíneo se queda en silencio a mitad de camino, y él mismo no suele darse ni cuenta, porque con la cabeza ya está en la siguiente idea. No es irresponsabilidad, sino más bien un problema de cálculo: en el momento en que hace la promesa, la dice completamente en serio.
La gente se acostumbra con el tiempo y empieza a contar con él de otra manera. La gente deja de preguntarle por los plazos y prefiere consultar a otra persona, lo cual le duele, porque él se ve a sí mismo como quien siempre echa una mano. De nada sirve el reproche; sirve un mensaje de dos frases justo después de la reunión: quién hace qué y para cuándo.
Menos llamativa es su forma de manejar el conflicto. El sanguíneo no rehúye la discusión, la acorta: se reconcilia enseguida, lo convierte en broma y sigue adelante, porque en medio de la tensión le falta el aire. La otra parte, en cambio, puede no haber terminado, y el asunto sin resolver vuelve cada vez que aparece una situación parecida.
La segunda debilidad cuesta más de ver. Sin oyentes la energía se evapora, y el mal humor que el sanguíneo no quiere mostrar se esconde detrás de una alegría fingida. Esa es su señal de alarma: en el momento en que empieza a fingir un buen humor que por dentro no tiene, suele llevar ya bastante tiempo sin estar bien.
En el trabajo y en las relaciones cercanas
En el trabajo le encaja un entorno con movimiento alrededor, donde el resultado se ve pronto y se permite improvisar. Ventas, eventos abiertos al público, trato con clientes, cualquier cosa con retroalimentación rápida. En cambio la soledad, las hojas de cálculo y siempre el mismo procedimiento lo vacían antes que la mayor avalancha de trabajo. Lo despierta siempre un plazo, aunque solo el último de todos. Cómo negociar esas condiciones sin cambiar de sector lo detalla el artículo sobre el temperamento en el trabajo.
Capítulo aparte merece el trabajo desde casa. Un día entero a solas con la computadora es uno de esos entornos en los que el sanguíneo se apaga, aunque le guste su trabajo y lo saque adelante sin problemas. Le falta exactamente lo que lo impulsa: las conversaciones cortas entre tareas, la reacción de los demás y la posibilidad de enseñarle a alguien enseguida lo que ha hecho.
En las relaciones el trato es parecido. Amigos tiene muchos y una persona nueva entra en su círculo con facilidad. Lo difícil es la profundidad: una conversación seria la lleva a un tema más ligero antes de que empiece a doler, y su pareja tiene entonces la sensación de no haber llegado del todo a él. Si en ese momento le vuelves a preguntar y esperas un poco, la respuesta suele llegar. Las diferencias entre temperamentos en la convivencia las analiza el texto sobre los temperamentos en la pareja.
Poca gente es, eso sí, sanguínea pura. Normalmente se trata de un componente sanguíneo fuerte teñido por algo más, lo que en la evaluación se llama toque. El sanguíneo con un toque colérico convierte una idea en plan para la misma noche; el sanguíneo con un toque melancólico tiene por fuera una fachada alegre y debajo una segunda línea, mucho más sensible, de la que los demás no saben nada. Nuestro test de temperamento tiene 24 preguntas y lleva unos cuatro minutos; además del tipo primario señala también el toque que lo tiñe, y sirve como imagen orientativa, no como diagnóstico. Qué significa cada pareja lo explica el texto sobre las combinaciones de temperamento.
Lo que se dice mal sobre los sanguíneos
"Es poco fiable." La etiqueta más frecuente y la menos exacta. El sanguíneo no olvida por indiferencia, sino porque no apuntó la promesa en ninguna parte y entretanto un entusiasmo tapó a otro. Una nota compartida en el calendario resuelve aquí más que diez conversaciones sobre responsabilidad.
"Quien siempre está alegre es que no se toma nada en serio." La alegría es en el sanguíneo un estado habitual, no una prueba de despreocupación. La diferencia entre el buen humor sincero y el actuado suele notarla solo quien lo conoce desde hace mucho, y vale la pena preguntárselo una vez de frente.
"No tiene profundidad." Sí la tiene, solo que no la enseña en una mesa de ocho personas. A solas, pasada la medianoche o en un viaje largo por carretera, a un sanguíneo le escuchas cosas que en un grupo no dice nunca.
Prueba una cosa esta semana. La próxima vez que estés con alguien en quien intuyas un componente sanguíneo fuerte, haz una pregunta y deja después cinco segundos de silencio. La mayoría de esas conversaciones se rompe exactamente en esa pausa, porque el sanguíneo no la soporta y empieza a hablar de lo que de verdad le pesa.

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