Sábado, nueve y media de la mañana. Laura tiene extendida sobre la mesa de la cocina la lista de cosas que hoy hay que hacer, Sergio se unta sin prisa la tercera tostada. Veinte minutos después cruza la cocina una frase que ambos se saben de memoria: "Tú solo sabes descansar cuando lo tienes todo tachado."
Esa discusión no va de la tostada ni de la lista. Va del ritmo, y el ritmo es una de las pocas cosas que en una persona siguen siendo parecidas desde la infancia hasta la jubilación. Por eso la misma escena se repite en la misma pareja doce años seguidos, solo que con otro decorado.
Qué aporta cada temperamento a la pareja
La división entre sanguíneo, colérico, flemático y melancólico tiene más de dos mil años y se apoyaba originalmente en la idea de los fluidos corporales. El contenido medible se lo dio Hans Eysenck, que en los años sesenta demostró que el viejo cuarteto encaja bastante bien en dos ejes: cuánto está una persona vuelta hacia fuera y con qué facilidad se desequilibra su estado emocional. De ahí el sanguíneo sale como extravertido estable, el colérico como extravertido inestable, el flemático como introvertido estable y el melancólico como introvertido inestable.
Para una relación de eso salen dos preguntas prácticas. ¿Con qué rapidez reacciona el otro cuando algo se estropea y cuánto le dura esa reacción? La mayoría de los malentendidos de pareja se pueden traducir a una de las dos.
Sanguíneo: necesita planes en común
Para él la relación vive de lo que viven juntos. Planifica el fin de semana, trae a casa gente nueva y levanta el ánimo incluso después de un día pésimo. Cuando pasan dos meses sin que ocurra nada nuevo, empieza a inquietarse, y eso también en una relación a la que objetivamente no le falta nada.
Las conversaciones serias suelen tener con él una vida corta. Las lleva a un tema más ligero antes de que empiecen a doler, así que la otra parte tiene a veces la sensación de no llegar del todo a él. Además, una promesa hecha con entusiasmo puede no llegar viva a la semana siguiente.
Colérico: la discusión como método
Nombra el problema en voz alta y de inmediato. No le interesa ganarle a su pareja, le interesa que el asunto quede resuelto esta noche; una cuestión sin cerrar le quema más que un intercambio duro de opiniones.
La dificultad está en lo que queda después del estallido. El colérico da el tema por cerrado en veinte minutos y no entiende sinceramente por qué el otro sigue con esa cara. La frase que soltó en pleno arrebato, mientras tanto, sigue dando vueltas por dentro de su pareja una semana más. Todo el carácter, con sus puntos ciegos, lo describe el retrato del colérico.
Flemático: calma casi a cualquier precio
Es quien en una discusión baja el volumen, no saca agravios antiguos y aguanta también una época peor sin hacer las maletas. A largo plazo se vive fácil con él, porque no hace un drama de cosas que no son un drama.
El precio se paga en otro sitio. Se traga el desacuerdo hasta que se convierte en una distancia silenciosa, y su pareja se entera de repente de que lleva un año sin estar de acuerdo con algo que, en teoría, habían acordado juntos. Su silencio no es conformidad, sino falta de ganas de discutir.
Melancólico: memoria larga para las minucias
Se toma la relación en serio, va en profundidad y nota también lo que no se dijo: el tono de voz, la duda, una mano puesta de otra manera. Conserva a unas pocas personas cercanas durante años y por ellas llega lejos.
A la vez se lo repite todo. Un comentario desafortunado de la cena del viernes le sigue dando vueltas el domingo por la tarde, aunque el otro lo hubiera olvidado con el postre. Perdonar sabe, olvidar le cuesta más, así que el montón de minucias acaba con el tiempo convertido en un solo tema grande.
Diez parejas y dónde suele saltar la chispa
Las puntuaciones de temperamento no se suman y ninguna tabla predice si una pareja va a durar. Su utilidad está en otra cosa: la mayoría de las parejas discute siempre por lo mismo y, cuando consigues nombrar ese "lo mismo", pierde una parte de su poder sobre los dos. ¿Cuándo fue la última vez que discutiste con tu pareja por algo que ya habían tratado el año pasado?
| Pareja | Qué les funciona bien juntos | Dónde roza más a menudo |
|---|---|---|
| Colérico + melancólico | La determinación se encuentra con el esmero, así que las cosas se rematan rápido y bien a la vez | Una palabra dura en pleno arrebato que uno olvida en una hora y el otro carga un mes |
| Colérico + flemático | Uno tira y el otro amortigua; en una crisis esta pareja funciona sorprendentemente bien | Cuanto más presiona uno, más se retira el otro al silencio y finge estar de acuerdo |
| Colérico + sanguíneo | Mucha energía, mucha acción, discusiones sin largos silencios cargados | Los dos hablan y nadie escucha; las promesas caen más rápido de lo que se cumplen |
| Dos coléricos | Se entienden en el ritmo y en la franqueza, nada se les queda dentro | Pelea por la última palabra y escalada de cero a cien en dos frases |
| Sanguíneo + flemático | Uno trae los planes, el otro la calma; juntos casi no discuten | La casa en piloto automático: nadie trata los temas incómodos hasta que arden |
| Sanguíneo + melancólico | La ligereza se encuentra con la profundidad; uno saca de casa, el otro aporta la conversación seria | Distinta necesidad de gente alrededor y la sensación de uno de ellos de que lo importante siempre se aplaza |
| Dos sanguíneos | Vida social rica y capacidad de sacudirse cualquier golpe | Las cosas a medias se acumulan; los papeles, las finanzas y los planes no los remata nadie |
| Flemático + melancólico | Calma, consideración y un hogar donde se puede respirar | Aplazar las decisiones hasta que las toma el tiempo o alguien de fuera |
| Dos flemáticos | Mínimo de conflictos y alta resistencia a las sacudidas externas | Años de rutina cómoda en la que no se cumple nada de lo que ambos quisieron un día |
| Dos melancólicos | Entendimiento sin explicaciones y una relación que aguanta mucho | Darle vueltas a todo en común se convierte, en una mala época, en una espiral sin salida |
La mayoría de la gente, además, no es un tipo puro. Al temperamento principal se le añade el toque de un segundo, así que un colérico con un toque melancólico discute de forma bastante distinta a un colérico con un toque sanguíneo. Cómo se componen las parejas dentro de una misma persona lo muestra el repaso de las combinaciones de temperamento.
¿De verdad se atraen los opuestos?
La sabiduría popular sostiene las dos cosas a la vez. Los opuestos se atraen y, al mismo tiempo, cada oveja con su pareja. Al principio de una relación gana la primera versión: la calma le resulta al colérico un refugio, y su empuje saca al flemático del sofá. Cinco años después, esa misma diferencia se convierte en el tema principal de un domingo de cada dos.
John Gottman, que desde los años setenta grabó parejas en su laboratorio y después siguió cómo acabaron sus relaciones, propuso una distinción que desplaza esta pregunta a otro terreno. La resumió en un libro de 1999. Divide los desacuerdos en manejables y perpetuos. Los perpetuos nacen de las diferencias de carácter y de necesidades y no desaparecen ni después de diez años de esfuerzo común, porque no tienen manera de desaparecer. Según Gottman son aproximadamente el 69 por ciento de todos los conflictos de una pareja.
Lo más interesante es que las parejas satisfechas y las insatisfechas casi no se diferencian en el número de esas disputas. Se diferencian en lo que hacen con ellas. Unas saben hablar de su tema eterno con humor y teniendo en cuenta por qué le importa al otro; las otras se atascan en él y cada ronda es más dura que la anterior. Ninguna combinación de temperamentos está, por tanto, condenada, y ninguna es una garantía.
¿Qué predice la satisfacción mejor que la coincidencia de caracteres? La coincidencia en lo que los dos consideran importante. Cuánto dinero se gasta y cuánto se ahorra, si habrá hijos, cuánto espacio recibe el trabajo, cómo se trata a los padres de ambos lados. Dos personas con ritmos muy distintos se ponen de acuerdo en esto sin problemas; dos melancólicos igual de sintonizados con visiones opuestas del dinero van a tener problemas incluso después de la boda.
Antes de ponerte a analizar cómo es tu pareja, conviene saber dónde estás tú. Nuestro test de temperamento tiene 24 preguntas y lleva unos cuatro minutos; no es una terapia de pareja ni un instrumento de diagnóstico, sino más bien un autoconocimiento orientativo con el que después se habla mejor de qué le molesta a cada uno.
Tres roces que conoce casi cualquier pareja
Rápido contra lento. Uno quiere decidir durante la cena, el otro necesita consultarlo con la almohada. El colérico y el sanguíneo leen ese retraso como desinterés; el melancólico y el flemático sienten una presión bajo la cual no se puede decidir. Ayuda acordar un plazo en lugar de una respuesta: "Lo decidimos mañana antes de las siete." El rápido tiene una fecha, el lento tiene calma, y la frase "tú nunca te decides a nada" se queda sin terreno.
Ruidoso contra callado. Cuando uno levanta la voz, el otro se calla, y ahí es cuando empieza de verdad. El silencio provoca a la pareja ruidosa más que la oposición. Funciona una pausa con final, no sin final: "Vuelvo a esto dentro de media hora." Esa media hora no es una huida, solo el tiempo que el cuerpo necesita para bajar la alarma. Un manual concreto para este tipo de situaciones está en el texto sobre cómo tratar a una persona colérica.
Plan contra calma. El sanguíneo tiene el sábado por la mañana dos visitas acordadas, el flemático estaba deseando no ir a ninguna parte. La solución no es un punto medio con el que no disfruta nadie, sino el reparto: un día lleno, otro vacío, y acordado en firme de antemano. Suena aburrido y funciona mejor que la improvisación.
Unas cuantas minucias más que ahorran un montón de rondas inútiles en el día a día:
- Con una pareja que olvida las cosas, manda lo acordado en una frase por mensaje. No es desconfianza, es prevención.
- Da la crítica de una en una y sin público, sobre todo con un melancólico. Una lista de tres reproches de golpe ya nadie la oye como retroalimentación objetiva.
- Pregunta de forma directa. "¿Tú qué harías de otra manera?" saca de una pareja callada más que "¿estás de acuerdo?", a lo que solo asentirá.
- El cansancio y el estrés agrandan cualquier diferencia, porque bajo presión la gente se comporta de forma más extrema. Cómo se ve eso en cada tipo lo describe el texto sobre el temperamento y el estrés.
Cuando ya no se trata del temperamento
El temperamento explica la forma, no el contenido. Que alguien hable alto, se encienda rápido y se enfríe igual de rápido es una descripción de estilo. La humillación, las amenazas, el control del teléfono, el silencio como castigo durante tres días o cualquier cosa que haga que el otro tenga miedo no pertenecen a la misma categoría. La frase "yo es que soy colérico" no es una explicación, sino una excusa, y en este caso no vale.
Con la misma prudencia conviene leer un retraimiento prolongado. El flemático necesita calma, pero si lleva meses sin interesarse por nada, no ve a nadie y ni siquiera disfruta de lo que antes le gustaba, ya no se trata de carácter y conviene buscar a un especialista. Lo mismo vale para un melancólico que lleva varias noches seguidas sin dormir por una sola frase.
Existe una prueba sencilla para saber si el asunto sigue siendo una diferencia de ritmo o ya es otra cosa. ¿Son capaces de hablar de ello fuera de una discusión, en una tranquila noche de lunes, y terminar en algo concreto? Si cada intento acaba en una nueva ronda, normalmente no es una cuestión de temperamento y una sesión con un terapeuta de pareja ahorra un año de discusiones domésticas.

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