Sin registro

Descubre en 5 minutos qué personalidad tienes y qué profesión encaja contigo

Descubre en 5 minutos qué personalidad tienes.

Listo en unos minutos · 19 tests en un solo lugar

Listo en unos minutos · 19 tests en un solo lugar

Inicio / Guías / Relaciones y comunicación / Cómo tratar a una persona colérica en casa y en el trabajo
Relaciones y comunicación

Cómo tratar a una persona colérica en casa y en el trabajo

¿Cómo tratar a una persona colérica? Qué la saca de quicio, qué funciona de verdad y dónde acaba el temperamento y empieza lo imperdonable.

¿Cuántas veces has dicho ya en mitad de una discusión la frase "cálmate, por favor"? ¿Y cuántas veces funcionó?

Esa frase es una de las maneras más fiables de subir a una persona colérica un piso más. Porque oye en ella algo distinto de lo que dices: no "estoy aquí contigo", sino "tu reacción es exagerada y te estoy juzgando". Quien vive o trabaja con alguien explosivo suele descubrir que la mitad de los incendios domésticos y de oficina nacieron después de la primera chispa, del propio intento de apagarla.

Qué le pasa en realidad a una persona colérica

Según Hans Eysenck, que en los años sesenta conectó los viejos nombres hipocráticos con dos ejes medibles, el colérico es un extravertido inestable. En su trabajo de 1967 lo relacionó con la rapidez con la que se dispara en una persona la reacción de alarma del cuerpo. Dicho de forma sencilla: algunos sistemas nerviosos arrancan antes y con más fuerza que otros, y el dueño de un sistema así no decide si va a reaccionar. Ya está reaccionando.

La consecuencia práctica la conoce cualquiera que trate de cerca a una persona así. El arranque es brusco, pero corto. El colérico salta en dos frases y a los veinte minutos ya lo ha dado por cerrado, porque la tensión salió fuera. Quien estaba enfrente, en cambio, se marcha con un golpe que le sigue doliendo tres días más.

De ahí nace la mayoría de los malentendidos alrededor del carácter colérico. Él no considera su estallido un conflicto, sino la manera de quitar el asunto de la mesa; una cuestión sin resolver le quema más que un intercambio duro de opiniones. Cuando al día siguiente se comporta como si no hubiera pasado nada, no es hipocresía ni manipulación. Para él realmente no pasó nada.

Vale la pena saber cuánto dura esa ola. El cuerpo necesita entre veinte y treinta minutos para volver del estado de alarma, y durante ese tiempo la argumentación queda a un lado, porque la atención funciona en modo de ahorro. Cualquier cosa inteligente que digas en los tres primeros minutos la otra parte no la va a recordar de todos modos. Por eso vale la pena mover el contenido más allá de esa frontera y, en el momento agudo, tratar solo qué pasa a continuación.

La segunda cosa que los demás suelen pasar por alto: bajo presión sostenida el colérico tiene la mecha más corta. Lo enfada una minucia que en una semana tranquila pasaría por alto sin pestañear, así que una discusión sobre un auto mal estacionado puede no ir del auto, sino de tres meses de trabajo al límite. Eso no disculpa nada, pero cambia a qué agarrarse en la conversación.

Prueba a recordar esto: de los estallidos que te alcanzaron en el último mes, ¿cuántos resultaron importantes una semana después? Con una persona colérica la respuesta suele ser incómodamente baja, y justo eso es la pista para no darles a sus frases duras más peso del que tienen.

Lo que siempre empeora la situación

La escalada es el primer callejón sin salida. Cuando respondes a un tono elevado con otro tono elevado, el colérico pasa al modo que mejor conoce, y ahí juega en casa; ganarle en su propio terreno lo consigue muy poca gente.

La segunda trampa es la contraria. Ceder siempre y en todo parece paz, pero funciona al revés de lo que esperas. El colérico deja con el tiempo de ver como interlocutor a quien nunca dice que no. Es contraintuitivo, pero la práctica lo confirma una y otra vez: a quien se planta con hechos y sin gritos, el colérico le da más espacio que a quien siempre lo esquiva.

Y luego están las formulaciones que sencillamente no ayudan en un momento en llamas:

  • "Cálmate." Refuerza la sensación de que la otra parte no se toma en serio lo que está en juego.
  • Diagnosticar el carácter en mitad de la disputa, al estilo de "tú es que eres un colérico", cambia el tema del problema a la persona.
  • Sacar reproches antiguos. El colérico está tratando una cosa; en cuanto le pones cinco delante, se pone a pelear con todas.
  • El silencio como respuesta. Lo toma por desprecio, no por una pausa, salvo que le digas cuándo vuelves.

Lo que sí funciona

Deja pasar la ola. Los primeros minutos son fisiología, no argumentación, así que en ese momento una respuesta objetiva no llega a ninguna parte. Basta con quedarse, no desviar la mirada y no comentar la forma.

Después pasa a lo concreto. El colérico reacciona mejor al contenido y a las cifras concretas que a la descripción de cómo te sientes, al menos en el primer minuto. En lugar de "no me hables así", prueba con "la fecha es el viernes, hoy no llegamos con la preparación, necesito decidir qué dejamos fuera". Le has dado una tarea, y ese es su entorno natural.

El límite dilo con calma y una sola vez. "Así no voy a hablar, vuelvo dentro de media hora" es una frase que funciona si después te vas de verdad y vuelves de verdad en media hora. Un límite sin consecuencia es solo una queja.

Los asuntos desagradables trátalos cuando la cosa haya bajado. Idealmente al día siguiente y de golpe, no a cuentagotas. Y déjale la última palabra siempre que se pueda. Poner a una persona colérica ante un hecho consumado significa que irá en contra por principio, aunque de otro modo hubiera estado de acuerdo.

La mayor parte de lo que se puede hacer cabe, además, en una frase reformulada. La diferencia entre las siguientes parejas parece cosmética y en la práctica decide si la conversación continúa o se convierte en otra ronda.

En lugar de esta frase Prueba Por qué sale mejor
"Cálmate." "Entiendo que te fastidie. ¿Qué hacemos con esto?" No juzga la forma y ofrece de inmediato una tarea, que es lo que el colérico escucha
"Siempre me estás gritando." "Cuando aparece ese tono, dejo de captar el contenido." Describe la consecuencia en lugar del carácter, así que no hay contra qué defenderse
"Como quieras, haz lo que te dé la gana." "No estoy de acuerdo y en un rato te digo por qué." El colérico lee la retirada como cierre del tema, no como reconciliación
"Tenemos que hablar de la semana pasada." "Tengo una cosa, tres minutos. ¿Ahora o a las seis?" Un formato acotado mantiene la conversación en un solo punto
"Lo decidí por ti para que no te preocupes." "Veo dos opciones, elige tú." La última palabra sigue siendo suya, así que desaparece la oposición por principio

Hay otra cosa que ayuda más de lo que uno esperaría: saber cómo reaccionas tú. Un melancólico se repite una palabra dura durante una semana, un flemático se retira al silencio y otro colérico echa más leña al fuego. Nuestro test de temperamento tiene 24 preguntas y lleva unos cuatro minutos; conocer tu propia reacción típica suele ser más útil que seguir estudiando a la otra persona.

El colérico como jefe, pareja y padre

El jefe que levanta la voz en una reunión

Óscar dirige un equipo de diez personas y el martes por la mañana se entera de que el cliente ha adelantado la fecha una semana. En menos de un minuto declara que así no se puede trabajar y menciona por su nombre a la compañera que entregó los documentos el viernes por la noche. La mitad de la sala mira la mesa.

Lo que funciona en un momento así: dejarle terminar la frase y después preguntarle por el siguiente paso. "¿Qué aplazamos para llegar al viernes?" La pregunta por la solución le da dirección y a la vez quita el tema de las personas. La retroalimentación sobre el tono guárdala para la tarde y dísela a solas, en concreto y sin generalizar: no "siempre nos gritas", sino "cuando se dijo el nombre de Marta, ella dejó de hacer preguntas, y el viernes eso nos va a faltar".

Un jefe colérico, además, no suele soportar las introducciones largas. Empieza por la conclusión, añade dos frases de contexto y di qué quieres de él. Cómo encaja cada carácter en el día a día laboral lo describe el texto sobre el temperamento en el trabajo.

La pareja que estalla durante la cena

En casa el problema principal es la recuperación asimétrica. Él está bien en veinte minutos, tú no. Funciona un acuerdo cerrado en una época tranquila, no en mitad de la disputa: quien necesite una pausa lo dice en voz alta junto con la hora de vuelta, y el otro la respeta.

También suele ser útil nombrar lo que te pasa a ti después de una discusión, en una frase y sin reproche. "Tú lo cierras al momento, yo lo llevo dentro hasta la mañana." El colérico muchas veces no lo intuye, porque se guía por su propio caso. Más sobre qué combinaciones de pareja rozan y dónde lo encontrarás en el artículo sobre los temperamentos en la pareja.

El padre que salta con los deberes

Un padre colérico no suele querer asustar al niño, quiere tener la cosa terminada. Solo que el niño no oye "vamos a acabar esto", oye el volumen, y en un niño más sensible ahí termina la tarde. Ayuda acordar de antemano quién supervisa los deberes y, en el momento en que la voz sube, salir tres minutos a otra habitación.

La segunda cosa es la disculpa. El colérico tiende a saltársela, porque en su cabeza el asunto ya está cerrado. Una frase corta, "me pasé, con las cuentas lo hiciste bien", hace más por la relación que la promesa de que no volverá a ocurrir.

Dónde termina el temperamento y empieza el problema

Este es un límite que no se negocia. Una reacción brusca, una manera de hablar en voz alta o la impaciencia son descripciones de carácter. La humillación delante de los demás, las amenazas, las cosas rotas, el miedo a volver a casa o a la reunión del lunes pertenecen a una categoría completamente distinta y no tienen disculpa en el temperamento.

La frase "yo soy así" describe una tendencia, no un destino. La tendencia a encenderse es innata y se puede trabajar con ella, pero lo que una persona hace en esos cinco segundos entre el estímulo y la palabra es su responsabilidad. Hasta qué punto se puede cambiar el carácter lo explica un texto aparte sobre si se puede cambiar el temperamento.

Si en casa o en el trabajo te mueves alrededor de alguien por cuyas reacciones mides lo que te puedes permitir decir, ya no se trata de la convivencia de dos caracteres. La diferencia entre una persona dura y una persona peligrosa la reconoces por lo que ocurre cuando le dices que no. Donde la respuesta es miedo, corresponde acudir a un profesional, no buscar una técnica de comunicación mejor. La descripción detallada de este carácter, con sus fortalezas incluidas, está en el retrato del colérico.

Test recomendado

Prueba el Test de temperamento

Descubre más sobre ti - el test es gratuito y obtienes los resultados al instante.

Empezar test

Más artículos en Relaciones y comunicación