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Personalidad y autoconocimiento

La emocionalidad en HEXACO: miedo, ansiedad y afecto

Qué mide la letra E del modelo HEXACO, por qué el enfado pertenece a la amabilidad y cómo se ve la emocionalidad alta y baja en el trabajo y en casa.

A mitad del vuelo a Ámsterdam el avión cae en un bache de aire. Nada dramático: quince segundos de sacudidas y la señal del cinturón otra vez encendida.

Lucía aprieta el reposabrazos y no lo suelta durante los diez minutos siguientes. Javier, en el asiento de al lado, no levanta la vista de su hoja de cálculo. Después de aterrizar, sin embargo, pasa algo que cualquiera esperaría al revés. Lucía se da cuenta de que la señora de la tercera fila está blanca como la pared, le trae agua de la máquina y la acompaña hasta la zona de equipajes. Javier, mientras tanto, resuelve dos llamadas y se acuerda de esa señora solo cuando alguien le pregunta por ella.

El miedo por uno mismo y la preocupación por los demás no parecen un único rasgo. En el modelo de personalidad de seis factores, aun así, se sientan bajo la misma letra.

Qué cabe bajo la letra E

El modelo HEXACO describe la personalidad con seis rasgos, y la letra E de su nombre significa emocionalidad. No se trata de con cuánta intensidad vives las cosas en general. La alegría, el entusiasmo y las ganas de estar entre gente no entran aquí, eso cae bajo la extraversión.

La emocionalidad gira alrededor de una sola pregunta: hasta qué punto estás sintonizado con la amenaza, la tuya y la ajena. Se compone de cuatro áreas que a primera vista no tienen relación entre sí, pero que en los datos van juntas.

Área De qué trata Cómo se ve en una semana cualquiera
Temor Reacción ante el riesgo físico y el dolor En la pista eliges la pendiente suave aunque la fuerte también esté a tu alcance
Ansiedad Grado de tensión y de preocupación por las obligaciones cotidianas Una tarea a medias sigue en tu cabeza por la noche, en medio de un capítulo
Necesidad de apoyo Ganas de compartir los problemas con la gente cercana y de aceptar ayuda Antes de responder a un correo incómodo lo comentas con tu pareja
Sentimentalismo Vínculo afectivo con las personas y compasión por su sufrimiento Una despedida en la estación te conmueve más de lo que esperabas

Se trata de una escala, no de dos cajones. La mayoría de la gente está en algún punto intermedio, y hasta una puntuación alta significa más bien un sistema de alarma despierto que un pánico diario. Dentro de ese número, además, las áreas pueden combinarse de distintas maneras: seguro que conoces a alguien que baja la ladera más empinada sin pestañear y luego llora con las películas.

Vale la pena mencionar una cosa más. De los seis rasgos, la emocionalidad es aquel en el que la media de los hombres y la de las mujeres se separan más en los datos, y son ellas las que puntúan más alto. Una media, sin embargo, no dice nada de una persona concreta, porque las dos distribuciones se solapan en buena parte. Conocer tu propio número resulta más útil que deducirlo de la casilla que marcas en un formulario.

Dónde quedó el enfado

Quien conoce los Cinco Grandes espera algo parecido al neuroticismo debajo de la E. El parecido existe: las dos escalas miden la tendencia a la ansiedad y a la tensión. Pero la frontera entre los factores pasa por otro lado, y justo esa diferencia convierte la emocionalidad en un concepto propio.

Detrás del cambio está el trabajo de dos psicólogos canadienses. Michael Ashton y Kibeom Lee analizaron desde el cambio de milenio los diccionarios de adjetivos de varias lenguas, entre ellas el neerlandés, el alemán, el húngaro, el italiano, el coreano y el polaco. En 2004 resumieron que las descripciones del carácter en esas lenguas se agrupan de forma repetida en seis conjuntos, y no en cinco. Y sobre todo: palabras como irritable, colérico o explosivo no se quedaban con la ansiedad, sino con el grupo que acabó siendo la amabilidad.

El neuroticismo del modelo de cinco factores mezcla, por tanto, dos cosas que HEXACO separa. Las diferencias merecen quedar por escrito:

  • El enfado y la irascibilidad pertenecen en HEXACO a la amabilidad, más exactamente a su polo bajo. Quien se enciende con facilidad puede tener perfectamente una emocionalidad por debajo de la media.
  • El sentimentalismo y el vínculo afectivo con los cercanos se trasladaron a la emocionalidad desde el lado opuesto, desde la amabilidad del modelo de cinco factores.
  • Queda la necesidad de apoyo, es decir, compartir las preocupaciones con el entorno, algo que el neuroticismo no suele registrar como componente aparte.

El efecto práctico es mayor de lo que parece. Después de esta reorganización, la emocionalidad no es una “escala de neurosis”. Su polo alto va unido a la empatía, a la compasión y a la disposición a cuidar, cualidades que nadie considera un defecto. Una persona con E alta se sobresalta, pero también es la primera en notar que a un compañero le pasa algo. Las dos cosas están relacionadas, porque ambas crecen de la misma sensibilidad a las señales de peligro.

Piensa en Álvaro. En las reuniones lo saca de sus casillas, sin fallo, el compañero que habla demasiado tiempo, y en el coche comenta a todo el que se le mete en el carril. Una descripción de cinco factores le mediría por esa irritabilidad un neuroticismo más alto. En el reparto de seis factores, en cambio, su carácter explosivo cae bajo una amabilidad baja, mientras que su emocionalidad sale por debajo de la media: disfruta el cine de terror, va al dentista sin aplazarlo y las preocupaciones se las guarda. Dos cosas distintas que un solo número pega en una.

Quien tiene miedo es quien protege

Ashton y Lee ofrecieron también una lectura evolutiva de los seis factores. La honestidad y la amabilidad reflejan, según ellos, el intercambio recíproco entre personas no emparentadas, mientras que la emocionalidad se liga al altruismo de parentesco, es decir, a la inversión en la supervivencia de la propia familia.

Esa idea mantiene unidas cosas que por separado parecen no encajar. Quien evita el riesgo físico vive lo suficiente para sacar adelante a sus hijos. La ansiedad, a su vez, vigila los recursos y los peligros por adelantado, antes de que alcancen a manifestarse. Y el vínculo afectivo con los cercanos conserva alrededor de una persona la red en la que se puede confiar cuando llega el apuro. El miedo por uno mismo y el cuidado de los demás son dos caras de una misma moneda: no puedes proteger a tus hijos si antes te has dejado matar.

El otro polo también tenía su recompensa. Una emocionalidad más baja significaba estar dispuesto a cazar más lejos, a cruzar la cresta de noche o a plantarse ante algo de lo que el resto se había retirado. Parte de lo que hoy admiramos en los bomberos y en los cirujanos es descendiente directo de ese equipamiento. La lectura evolutiva no es una prueba, más bien una interpretación que encaja bien con la manera en que las áreas se agrupan en los datos.

Emocionalidad alta en el trabajo y en casa

En un equipo, la persona con E alta funciona como una alerta temprana. Huele el riesgo de un proyecto antes de que aparezca en una hoja de cálculo, y en la reunión pone en palabras el recelo que los demás por ahora solo intuyen. Al mismo tiempo suele ser aquella a la que acuden los compañeros cuando en casa las cosas no van bien, porque con ella se puede hablar de asuntos desagradables sin recibir un juicio.

En las empresas esa sensibilidad se lee como falta de resistencia, un error que cuesta dinero. Quien expresa un temor en voz alta no retrasa el proyecto. Solo pone nombre un mes antes a lo que habría aparecido igualmente, únicamente más caro. Donde hay seguridad, calidad o trato con personas en juego, un sistema de alarma despierto funciona como herramienta de trabajo. El problema llega solo en el momento en que el mismo temor se repite igual y deja de traer información nueva.

La factura se paga en otro sitio. Una crítica desagradable cae más fuerte y resuena más tiempo de lo que correspondería a su contenido. Antes de decidir necesitas llamar a alguien, y si ese alguien no contesta, la decisión se aplaza. Y la cabeza tiende a calcular la peor versión antes de que llegue la segunda información.

¿Cuántos de esos peores escenarios que pensaste con detalle durante el último año ocurrieron de verdad? La respuesta suele ser sobria y vale la pena contarla una vez con los dedos, porque la sensibilidad en sí es útil, solo que le gusta dispararse en vacío.

En las relaciones, la emocionalidad alta crea una profundidad que la pareja suele percibir como cercanía. El riesgo está en que una sola persona se convierta en la única válvula. Cuando todas las preocupaciones acaban en la misma persona, empiezan a pesarle incluso queriéndote mucho. Repartir esa carga entre más gente no es distancia, es mantenimiento de la relación.

Emocionalidad baja y su precio

El extremo opuesto de la escala se ve desde fuera como calma. Una reunión de crisis no te descompone, una mala noticia no se te queda atascada y una decisión la tomas sin que te la confirmen tres personas. En un trabajo donde están en juego el tiempo y los nervios, alguien así no tiene precio.

El punto ciego está exactamente donde cabría esperarlo. El riesgo que no suena dentro de ti como una sensación incómoda es fácil de infravalorar. Javier, el del principio, aplazó durante años el seguro del hogar y consideró burocracia inútil la revisión de la caldera que había despachado por encima, hasta que un diciembre le entró el agua por el techo. No fue una estupidez, fue una señal que faltaba. Lo que otros leen como advertencia a él le parecía precaución excesiva.

El segundo precio se paga en casa. Tu preocupación por los tuyos existe, solo que nadie la ve desde fuera, porque no se expresa en llamadas, ni en preguntas, ni en tensión visible. La pareja o el hijo interpretan el silencio como desinterés. Una E baja tampoco significa menos honestidad ni menos disposición a comportarse con justicia, esas cosas las llevan otras letras del modelo. Significa únicamente que el sufrimiento ajeno no te alcanza por sí solo y que tienes que apuntarte a él de forma consciente.

Donde más se nota es al dirigir gente durante una reorganización. Un cambio que a ti te parece un reparto lógico de funciones cae sobre un equipo cuya mitad seguirá dándole vueltas el domingo por la noche. Nadie te pide que tengas miedo con ellos. Basta con contar con que una frase enviada un viernes por la tarde la gente se la traduce a su manera durante dos días, y con añadir también la parte de la explicación que a ti te resulta obvia.

Qué hacer con esto

Ninguno de los dos extremos de la escala es un trastorno que se pueda arreglar y, sinceramente, tampoco tiene sentido intentarlo. Es más razonable saber hacia qué lado se desvía tu configuración y construir un par de reglas en consecuencia.

Si tienes la emocionalidad alta, separa los hechos de la película que se monta en tu cabeza. Escribe qué pasó de verdad y al lado lo que te estás imaginando. La diferencia entre esas dos columnas suele ser sorprendentemente grande. También ayuda decidir de antemano a quién llamas primero y para qué, para que todo el peso no acabe en una sola persona.

Con la emocionalidad baja funciona el truco contrario: sustituir la señal interna que falta por un procedimiento externo. Una vez al trimestre repasa los riesgos que de otro modo no atenderías, desde la copia de seguridad de los datos hasta las fechas de las revisiones. Y en las relaciones pregunta por lo que tú no registrarías por tu cuenta, porque la pregunta “¿cómo te ha ido hoy de verdad?” cuesta diez segundos y sustituye a un instinto que simplemente no se te enciende.

Dónde estás tú en esta escala es difícil de estimar, porque tomamos nuestro propio nivel de tensión por lo normal y compararse con los demás desde dentro no funciona. Nuestro test HEXACO tiene 60 preguntas, se hace en unos ocho minutos y te da una imagen orientativa de los seis rasgos, emocionalidad incluida.

Antes de ponerte con nada, prueba una semana una cosa sencilla. Cada noche apunta un momento del día en el que sentiste tensión y añádele una sola palabra: ¿era por ti o por otra persona? A los siete días mira la proporción entre las dos columnas y cuántas anotaciones tenían un motivo real. Esa lista dirá más de tu emocionalidad que cualquier descripción de tipo, porque la escribe tu propia semana.

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