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Personalidad y autoconocimiento

HEXACO vs Big Five: qué aporta el sexto factor

¿Cinco factores o seis? Dónde coinciden HEXACO y el Big Five, dónde se separan y qué mide la honestidad-humildad que las cinco escalas no ven.

Dos candidatos a un puesto en el que se gestiona el presupuesto de la empresa rellenan el mismo cuestionario de cinco factores y salen de él casi indistinguibles. Los dos moderadamente extravertidos, los dos por encima de la media en meticulosidad, los dos tranquilos, los dos agradables con quienes los rodean.

Un año después aparece una diferencia que no estaba en el papel. Javier devuelve al presupuesto el dinero que no se gastó, aunque podría haberlo desviado sin que nadie lo notara a través de su propio departamento. Álvaro acepta en voz baja una comisión de un proveedor al que él mismo recomendó y no se lo cuenta a nadie. El cuestionario no predijo esa diferencia. No porque fuera malo, sino porque nunca midió ese rasgo.

Justamente alrededor de ese hueco gira la discusión entre los dos modelos científicos de personalidad más extendidos. Uno describe cinco factores, el otro seis. Y el sexto es la razón por la que merece la pena compararlos.

El mismo método, otro número de factores

Los dos modelos se apoyan en la misma idea y en la misma estadística. La idea se llama hipótesis léxica: aquello de las personas que resulta lo bastante importante para que los demás lo noten acaba, antes o después, teniendo un nombre en el idioma. Quien quiera saber en qué se diferencian las personas puede empezar, por tanto, en el diccionario.

El procedimiento que sigue es aburrido y por eso mismo fiable. Se extraen del idioma todos los adjetivos que describen a una persona, cientos de individuos los puntúan sobre sí mismos o sobre sus conocidos, y el análisis factorial calcula qué palabras se mantienen juntas. Nadie decide de antemano cuántos grupos deben salir. Salen tantos como haya en los datos.

Con las listas en inglés, el procedimiento dio de manera repetida cinco factores (Goldberg, 1990; Costa y McCrae, 1992), y de ahí surgió el estándar que hoy conoces por las siglas OCEAN. Qué contiene cada una de las cinco escalas lo desarrolla el texto sobre qué es el modelo de personalidad Big Five.

Los psicólogos canadienses Michael Ashton y Kibeom Lee hicieron, en torno al cambio de milenio, algo que a primera vista no tiene ningún interés: aplicaron el mismo procedimiento a otros idiomas. Al coreano, al italiano, al húngaro, al polaco, al neerlandés, al francés, al alemán. Y en los datos les salían, una y otra vez, seis grupos en lugar de cinco.

Aquí está la parte más sorprendente de toda la historia. El sexto factor no apareció porque los coreanos o los húngaros sean personas distintas de los estadounidenses. Apareció porque cada lista de adjetivos es solo una muestra de un idioma, y las inglesas sobre las que creció el modelo de cinco factores contenían pocas palabras de una familia concreta. El modelo no medía entonces el mundo. Medía el diccionario que recibía en la entrada.

El sexto factor: honestidad-humildad

Esa familia de palabras se ve así: sincero, honrado, justo, modesto, poco exigente por un lado; astuto, calculador, codicioso, engreído por el otro. En el modelo de seis factores se convirtió en una escala propia, honestidad-humildad, que se marca con la letra H.

Abarca cuatro cosas: si alguien juega limpio incluso cuando la mentira pasaría desapercibida, cuánto le molesta obtener una ventaja a costa de otro, con qué fuerza lo atraen el dinero y el lujo, y en qué medida se considera alguien a quien simplemente le corresponde más que a los demás.

El nombre de la escala invita a un malentendido. La humildad no significa aquí timidez ni menospreciar tus propias capacidades. Alguien con H alta puede ser un especialista seguro de sí mismo que sabe con exactitud lo que vale y que, sencillamente, no deduce de ello un derecho a trato especial. Y al contrario: la H baja viene bastante a menudo acompañada de mucho encanto, porque quien quiere convencer a otros tiene que resultar agradable antes que nada. La deshonestidad rara vez se sienta en los datos al lado de la antipatía.

En el modelo de cinco factores este contenido no falta del todo. Se disuelve. Parte de la equidad y de la resistencia a aprovecharse de otros cae bajo la amabilidad, parte del respeto por las normas bajo la meticulosidad, y el resto se dispersa de tal modo que ya no puede leerse como una sola cifra. Precisamente por eso Álvaro, el del principio, puede salir de un perfil de cinco factores sin llamar la atención. Es organizado, agradable, tranquilo. La escala en la que se diferenciaría no está.

La H baja no significa estafador. Describe una tendencia, no un hecho, y en la vida corriente se manifiesta de forma mucho más ordinaria: las relaciones se leen como un intercambio, el estatus y las recompensas visibles pesan más, y una norma se percibe como un obstáculo que se puede rodear cuando conviene y nadie mira. A la escala le dedica un repaso detallado el texto sobre qué significa el factor H.

La emocionalidad no es lo mismo que el neuroticismo

La segunda diferencia es más fina y sorprende incluso a quien conoce los dos modelos. La letra E del modelo de seis factores no significa lo mismo que la N del de cinco, aunque las dos escalas giren en torno a las emociones.

El neuroticismo es la propensión a las emociones negativas en general: ansiedad, tristeza, irritabilidad, ira, cambios de humor. HEXACO desató ese paquete. La emocionalidad retiene el miedo, la preocupación, la necesidad de apoyarse en las personas cercanas y la sensibilidad ante su sufrimiento. La ira no está dentro.

En cambio contiene algo que no busques en el neuroticismo: el vínculo con los demás. Una emocionalidad alta describe a una persona que teme por la gente que le importa y que necesita tener a alguien en quien apoyarse. No es un sinónimo de inestabilidad emocional, aunque el resultado se lea así a menudo.

Piensa en dos compañeras de trabajo. Lucía teme una presentación dos días antes, la noche anterior no duerme y, antes de entrar en la sala, necesita oír que lo va a hacer bien. Carmen conduce el mismo acto sin pestañear, pero cuando en el turno de preguntas suena una objeción tonta, corta a quien la formula con tal dureza que nadie sale en su defensa. Un cuestionario de cinco factores devuelve neuroticismo alto a las dos. En el de seis, Lucía tiene emocionalidad alta, mientras que Carmen tiene amabilidad baja.

Intenta ahora recordar a alguien a quien hayas descrito como demasiado sensible. ¿Se trataba de una persona que se asusta con facilidad y se toma las cosas a pecho, o de la que estalla en cuanto algo no le encaja? En cinco escalas las dos terminan en el mismo sitio. En seis, cada una en un lugar distinto.

Adónde se fue la ira

La respuesta a esa pregunta es a la vez la tercera diferencia. En HEXACO la ira se mudó a la amabilidad, más exactamente a su extremo bajo.

Amabilidad significa aquí tolerancia: la capacidad de perdonar, de dejar pasar un asunto, de aceptar un acuerdo, de no devolver el golpe. Quien está bajo en esta escala guarda rencor más tiempo, critica con dureza, cede de mala gana y se enfada rápido. Donde el modelo de cinco factores anota el carácter explosivo como inestabilidad emocional, el de seis lo lee como incapacidad de soportar a los demás.

El efecto es práctico. Dos personas con un neuroticismo igual de alto pueden ser compañeros completamente distintos. Uno se retira del conflicto y luego lo repasa de noche; el otro lo desata y por la mañana no entiende por qué todos lo miran raro. Seis escalas separan a esos dos; cinco los dejan juntos.

Un mapa entre los dos modelos

La tabla muestra adónde se traslada cada dimensión de cinco factores dentro del modelo de seis. No son signos de igualdad, más bien una asignación aproximada del equivalente más cercano.

Factor en Big Five Equivalente más cercano en HEXACO Qué se ha desplazado
Apertura (O) Apertura (O) Contenido prácticamente idéntico: curiosidad, imaginación, ganas de lo poco habitual.
Meticulosidad (C) Meticulosidad (C) Escalas cercanas. Cumplir las normas también sin supervisión pertenece en HEXACO más bien a H.
Extraversión (E) Extraversión (X) La coincidencia más estrecha de las seis. La X carga algo más la seguridad ante la gente.
Amabilidad (A) Amabilidad (A) más una parte de H El perdón y la tolerancia se quedan en A; la equidad y la resistencia a aprovecharse van a H.
Neuroticismo (N) Emocionalidad (E) más la parte invertida de A El miedo y la ansiedad pertenecen a E; la ira y la irritabilidad, a una A baja.
sin equivalente Honestidad-humildad (H) En el modelo de cinco factores se disuelve entre amabilidad y meticulosidad, y no se mide por separado.

De la tabla se ve que la diferencia entre cinco y seis no va solo de una cifra más. Tres factores se quedan prácticamente igual, uno se añade y dos se recolocan. Así que quien haga los dos test y compare los resultados debería obtener una apertura, una meticulosidad y una extraversión muy parecidas, mientras que en las emociones y en la amabilidad las cifras pueden diferir sin problema. No es un error de medición, solo otro trazado de fronteras entre las escalas.

Vale la pena saber que ninguno de los dos modelos termina en sus seis o cinco números. Cada factor se divide después en rasgos más estrechos, y solo ahí se ve por qué dos personas con la misma puntuación viven de otra manera. Dos meticulosidades igual de altas pueden apoyarse una vez en el orden y el detalle, y otra en la laboriosidad y la constancia. Quien decide según los factores gruesos lee titulares en lugar del artículo.

Qué añade el sexto factor

La utilidad de un factor nuevo se decide con una sola pregunta: ¿nos enteramos gracias a él de algo que las cinco escalas no capten? En el caso de la honestidad-humildad la respuesta es afirmativa.

Los trabajos de Ashton y Lee y la investigación posterior asocian una H baja con la tendencia a rodear una norma cuando conviene, con la disposición a manipular a los demás y con conductas que en el trabajo perjudican al empleador, desde el uso indebido menor de recursos hasta fraudes más graves. La escala también se solapa de forma notable con los rasgos llamados tríada oscura, sobre todo con el maquiavelismo.

Conviene, eso sí, mantenerlo con los pies en el suelo. Se trata de relaciones estadísticas entre miles de personas, no de una predicción sobre alguien concreto; cualquier comparación de este tipo es orientativa. Una escala de personalidad describe una tendencia, no un hecho, y las diferencias dentro de los grupos suelen ser mayores que las diferencias entre ellos. Con la H no se debe decidir la contratación de un candidato ni confirmar una sospecha sobre un compañero. Su utilidad es otra: ayuda a entender por qué no te funciona la colaboración con alguien que parece agradable y fiable y, aun así, tras cada reunión te deja una sensación extraña.

Cuándo recurrir a cada uno

El Big Five tiene sentido como mapa general. A lo largo de décadas se han acumulado a su alrededor incomparablemente más estudios, normas e instrumentos derivados, así que si quieres un resultado que pueda compararse con la literatura o con otro cuestionario, los cinco factores son la opción segura. Encaja también cuando te interesa sobre todo la resistencia al estrés, porque el neuroticismo responde a esa pregunta de forma más directa: mantiene la ansiedad y la ira en una sola escala. Nuestro test Big Five trabaja con cincuenta ítems del banco público de ítems IPIP.

El modelo de seis factores compensa en el momento en que está en juego la confianza. Normalmente:

  • Puestos en los que se decide sobre dinero, accesos o competencias sin supervisión.
  • Cuando en un equipo se doblan las normas una y otra vez, pero nadie parece el culpable.
  • Autoconocimiento, en el momento en que la gente de tu entorno te dice que actúas con más dureza de la que tú mismo reconoces.

Ese último motivo suele ser el más frecuente y suena simple: saliste de un resultado de cinco factores con la sensación de que faltaba algo esencial, solo que no supiste ponerle nombre. La sexta escala suele ser precisamente esa palabra que faltaba.

Nuestro test HEXACO tiene sesenta preguntas y ocupa unos ocho minutos. Además de las seis puntuaciones muestra una comparación orientativa con un perfil de cinco factores, así que en el resultado se ve dónde se encuentran los dos modelos y dónde se separan. Qué significan las escalas concretas en la práctica lo resume el texto sobre qué es HEXACO.

Ninguno de los dos gana

La disputa por cinco o seis factores es un debate científico legítimo, no un duelo de marcas. Los partidarios de los cinco argumentan con la economía del modelo y con la montaña de datos reunida a lo largo de décadas. Los partidarios de los seis, con la replicación en distintos idiomas y con el hecho de que la sexta escala explica conductas por las que los perfiles de cinco factores pasan de largo. Ambos lados tienen datos, ambos publican y ninguno afirma que el otro mida disparates.

La diferencia práctica es, además, menor de lo que parece desde el debate académico. Los dos modelos trabajan con escalas y no con tipos, así que no te encasillan en ninguna parte y en ellos ninguna cifra es mejor que otra. Los dos parten del autoinforme, lo que significa que miden más cómo te ves que cómo te comportas, y los dos se pueden distorsionar cuando alguien rellena el cuestionario para ojos ajenos. Y los dos pierden sentido en el momento en que una descripción se convierte en una sentencia.

Prueba ahora un pequeño test sin cuestionario. Escribe tres personas que te hayan decepcionado en el último año y, junto a cada una, una frase sobre lo que hicieron exactamente. "No terminó lo que prometió" apunta a la meticulosidad. "Estalló por una tontería" apunta a la amabilidad. "Sabía que con eso me hacía daño y lo hizo porque le convenía" no encaja en ninguna de las dos. Esa frase la describe la sexta escala, y en un perfil de cinco factores no la vas a encontrar.

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