En 1884, el investigador británico Francis Galton se sentó ante un diccionario y se puso a contar palabras. Solo le interesaba una cosa: cuántos términos tiene el inglés para describir el carácter humano. Llegó a unos mil, y de ese recuento sacó una idea sobre la que hoy se apoyan casi todos los test de personalidad serios.
La idea es discreta. Aquello en lo que la gente se fija mutuamente con suficiente frecuencia y durante suficiente tiempo acaba antes o después recibiendo una palabra. Un rasgo que a nadie le importa se queda sin nombre. Un diccionario, por tanto, no es un montón azaroso de vocablos, sino el registro de lo que a la gente le ha merecido la pena mencionar durante siglos.
A esto se le llama hipótesis léxica. Condujo al modelo Big Five y, unas décadas más tarde, también a un modelo que tiene seis factores.
Dieciocho mil palabras copiadas a mano
El primer intento serio de convertir la ocurrencia de Galton en datos llegó en 1936. Los psicólogos estadounidenses Gordon Allport y Henry Odbert recorrieron el diccionario inglés sin abreviar de la época y anotaron cada término con el que se puede distinguir a una persona de otra. Reunieron alrededor de dieciocho mil entradas.
Intenta imaginarte ese trabajo sin ordenador. Ninguna base de datos, ninguna búsqueda. Dos hombres, cuatrocientas mil entradas de diccionario y fichas de cartón en las que los términos se clasificaban a mano. De esas dieciocho mil, Allport y Odbert apartaron después unas cuatro mil quinientas que describen rasgos de carácter más duraderos, y dejaron el resto de lado como estados de ánimo, valoraciones y situaciones pasajeras.
Con ese montón se peleó a continuación el psicólogo británico Raymond Cattell. Fundió las palabras en grupos de significados afines, les aplicó el análisis factorial y en los años cuarenta extrajo dieciséis factores de personalidad. Su número no se confirmó en datos posteriores, pero su método sí. Tomar las palabras con las que la gente describe a la gente, averiguar cuáles de ellas van juntas y dejar que la estructura salga de la estadística en lugar de la teoría.
Los cinco factores que no dejaban de volver
En 1961, Ernest Tupes y Raymond Christal volvieron a unos datos recogidos en la fuerza aérea estadounidense y encontraron cinco dimensiones recurrentes en las evaluaciones de pilotos y cadetes. Warren Norman repitió el resultado dos años después con otra muestra. Aun así pasaron otras dos décadas hasta que Lewis Goldberg les puso el nombre de Big Five en 1981 y hasta que se convirtieron en el estándar en el que la psicología académica de la personalidad se apoya todavía hoy.
Ese acuerdo parecía un asunto cerrado. Investigadores distintos, muestras distintas, décadas distintas y siempre cinco. Solo que todos esos análisis compartían un detalle que durante mucho tiempo nadie advirtió: corrían sobre adjetivos ingleses.
El sexto factor lo encontraron los idiomas que no interesaban a nadie
En los años noventa el método léxico empezó a aplicarse a otros idiomas. No con la esperanza de descubrir nada, más bien por obligación de verificar. Si el modelo describe el carácter humano en general, los mismos cinco tienen que salir también de palabras húngaras, italianas o coreanas.
No salieron. En húngaro la estructura se comportó de manera distinta a lo que los investigadores esperaban. En los datos italianos apareció un grupo aparte que no encajaba en ninguno de los cinco cajones. Un estudio coreano de finales de los noventa, en el que participó también un joven psicólogo llamado Kibeom Lee, acabó de forma parecida. Y después lo mismo en neerlandés, polaco, alemán y francés.
Ese grupo contenía cada vez palabras similares. De un lado sinceridad, modestia, equidad y desinterés; del otro fanfarronería, codicia, doblez y la disposición a aprovecharse del prójimo en beneficio propio. En los análisis en inglés esos términos se disolvían entre la amabilidad y la meticulosidad sin formar una dimensión propia. En cuanto el método se trasladó a otra parte, quedaron aparte.
Parte de la explicación está ya en Allport y Odbert. Cuando clasificaron sus dieciocho mil entradas, apartaron los términos que juzgan a una persona más que describirla. Solo que muchas palabras sobre la honestidad llevan el juicio en su propia naturaleza. Llamar a alguien calculador no es una observación neutral, y precisamente esa clase de términos desaparecía de la selección antes de llegar a cualquier análisis. Otras tradiciones de investigación fueron más laxas al seleccionar, y esa franja del vocabulario se les quedó en los datos.
Es un giro bastante raro. Un modelo que hoy figura entre los más citados de la psicología de la personalidad existe porque la investigación dejó de hacerse solo en inglés. Si los estudios léxicos se hubieran quedado en un único idioma, probablemente seguiríamos tropezando con el sexto factor como con un residuo incómodo en las cifras.
Dos canadienses y seis letras
Alrededor del año 2000, dos psicólogos canadienses juntaron esos hallazgos dispersos. Michael Ashton, de la Brock University de Ontario, y Kibeom Lee, hoy en la universidad de Calgary, mostraron primero que el sexto factor no era una casualidad de un solo país y después armaron con ello un modelo completo. En 2004 el Journal of Personality and Social Psychology publicó su trabajo conjunto con otros investigadores de Europa y Corea, que resumía datos léxicos de siete idiomas a la vez. La solución de seis factores salía en ellos una y otra vez.
El modelo recibió el nombre HEXACO por las iniciales de las seis dimensiones y por la palabra griega para seis.
| Letra | Factor | De qué trata |
|---|---|---|
| H | Honestidad-humildad | Sinceridad, equidad, modestia, resistencia a la tentación |
| E | Emocionalidad | Ansiedad, sensibilidad, necesidad de apoyo en los demás |
| X | Extraversión | Energía entre la gente, seguridad en uno mismo, valentía social |
| A | Amabilidad | Tolerancia, mansedumbre, disposición a perdonar |
| C | Meticulosidad | Orden, esmero, llevar las cosas hasta el final |
| O | Apertura | Curiosidad, imaginación, apetito por lo inhabitual |
Aquí conviene corregir un error muy extendido. HEXACO no es el Big Five con un factor añadido. La emocionalidad y la amabilidad están rotadas respecto a las cinco dimensiones originales: la propensión a la ira y a la irritabilidad, que en el Big Five cae bajo el neuroticismo, en la disposición de seis factores se liga más bien al polo opuesto de la amabilidad. Cuatro letras se solapan, pues, estrechamente con el Big Five, dos solo a grandes rasgos y una es nueva. Lo desmenuza en detalle el texto sobre qué es el HEXACO.
Qué cambió cuando la honestidad se pudo medir
Antes del factor H, la integridad de carácter era en la investigación una magnitud escurridiza. Describirla sabía cualquiera, pero en cinco factores no había sitio para ella, de modo que se escapaba de los resultados. La sexta dimensión le dio coordenadas y con ello abrió una serie de preguntas que hasta entonces costaba estudiar.
Una H baja se asocia repetidamente en la investigación con cosas que a un test de personalidad corriente se le escapaban:
- la disposición a hacer trampas cuando se sabe que nadie lo va a detectar
- conductas contraproducentes en el trabajo, desde pequeños hurtos hasta el abuso de atribuciones
- la tríada oscura, es decir maquiavelismo, narcisismo y psicopatía, se proyecta entera sobre el polo opuesto de este factor
- el patrimonio y la posición pesan más que las relaciones que se gastan para conseguirlos
Para la psicología del trabajo fue una noticia interesante. La meticulosidad pasó mucho tiempo por ser el mejor predictor de personalidad del rendimiento laboral, pero dice sobre todo si alguien termina lo que empieza, no cómo se comporta cuando se presenta una ocasión. Un empleado con alta meticulosidad y baja honestidad suele ser esmerado también a la hora de borrar sus huellas.
Coge a dos compradores con idéntico resultado en cinco factores. Los dos trabajadores, los dos sociables, los dos puntuales. Uno recibe de un proveedor una oferta de la que no hace falta hablar en ninguna parte, y la rechaza antes de acabar de pensarla. El otro la sopesa un rato y busca cómo podría defenderse. Cinco dimensiones no captan esa diferencia porque no cabe dentro de ellas. La sexta apunta justo ahí.
¿Te acuerdas de algún compañero que sobre el papel cumplía todo y con el que sin embargo había problemas? Normalmente no era cuestión de ritmo ni de capacidad. Qué mide exactamente el factor H y por qué resulta incómodo ya al leer tu propio resultado lo desmenuza un artículo aparte sobre la dimensión honestidad-humildad.
Dónde está el modelo hoy
Ashton y Lee publicaron también su propio cuestionario para el modelo, y en dos décadas se ha traducido a decenas de idiomas. En torno a los seis factores aparece hoy un flujo constante de estudios, el modelo asoma en manuales de psicología de la personalidad y en la investigación de recursos humanos el factor H se maneja como una variable por derecho propio.
No todos lo dan por cerrado. El psicólogo neerlandés Boele De Raad, con un grupo de coautores, comparó en 2010 datos léxicos de otros idiomas y llegó a la conclusión de que entre culturas se replican de forma fiable más bien tres factores que cinco o seis. La disputa por el número correcto de dimensiones sigue, por tanto, y el seis no es la última palabra.
En la conciencia del público, el HEXACO permanece todavía a la sombra. El Big Five lleva varias décadas de ventaja, y la tipología de dieciséis tipos de personalidad tiene además un atractivo que a un modelo académico le cuesta alcanzar: de ella se puede sacar una etiqueta de cuatro letras para el currículum. Seis números en una escala se comparten peor que unas siglas. Si te interesa cómo se ve tu propio perfil en las seis dimensiones, puedes recorrer nuestro test HEXACO.
Y de toda esta historia queda una cosa más digna de recordar. El sexto factor no lo inventó nadie. Estuvo todo el tiempo tumbado en diccionarios húngaros, coreanos e italianos, esperando a que alguien mirara a otra parte que no fuera el inglés. Cuántas dimensiones más del carácter humano tienen nombre en algún idioma al que la investigación aún no ha llegado, por ahora nadie lo sabe.

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