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Psicología y bienestar

Quién inventó el DISC: Marston, el detector de mentiras y Wonder Woman

¿Quién inventó el DISC? Marston, el detector de mentiras y Wonder Woman. Por qué él nunca escribió un cuestionario y qué implica para los tests.

En 1938 salió en las revistas estadounidenses un anuncio en el que un psicólogo con un manguito de tensiómetro demostraba que las cuchillas Gillette afeitaban mejor que la competencia. Los hombres, según decían, estaban conectados a un detector de mentiras y su cuerpo no podía mentir. Ese psicólogo se llamaba William Moulton Marston y diez años antes había publicado el libro del que creció el DISC.

Ese anuncio no es solo una anécdota simpática al margen. Es un retrato bastante exacto del hombre que está en el origen de uno de los modelos de conducta más extendidos del mundo: observador, divulgador incansable y bastante tibio con la prudencia académica.

El psicólogo que quería medir la verdad

Marston (1893-1947) estudió derecho y psicología, y en 1921 se doctoró en psicología por Harvard. Ya de estudiante le ocupaba la pregunta que después lo acompañó toda la vida. ¿Se nota la mentira en el cuerpo?

Hacia 1915 propuso el test de la presión arterial sistólica. El principio era sencillo: a la persona examinada se le ponía un manguito, quien hacía la prueba medía el valor en reposo, después planteaba preguntas y volvía a medir la presión repetidamente. La subida de la presión sistólica tenía que delatar el engaño.

Aquí hace falta ser preciso, porque todavía hoy se confunde. Marston no construyó el polígrafo tal como lo conocemos por las películas. Su método era intermitente, se medía a mano y por pasos separados. El primer aparato que registraba la presión, la respiración y el pulso de forma continua lo construyó en 1921 John Larson en Berkeley, California. A Marston le pertenecen la idea y su defensa pública, no el aparato con agujas.

Y la defendió mucho. En 1923 intentó llevar los resultados de su test ante un tribunal en el caso Frye contra Estados Unidos, pero el tribunal de apelación los rechazó alegando que el método no tenía aceptación general en la comunidad científica. De esa resolución nació el llamado estándar Frye, según el cual la justicia estadounidense valoró la admisibilidad de las pruebas científicas durante los setenta años siguientes. Marston perdió, por tanto, e influyó en el derecho más que la mayoría de los abogados en ejercicio.

El libro sobre la gente normal

En 1928 Marston publicó el libro Emotions of Normal People. Provocador era ya el título. La psicología de la época se ocupaba sobre todo de trastornos, pacientes y desviaciones. Marston quería describir cómo se comporta la gente a la que no le pasa nada.

Su modelo se apoya en dos preguntas. ¿Percibe la persona el entorno más bien como favorable o como hostil? ¿Y reacciona a él de forma activa o pasiva? De esos dos ejes nacieron cuatro maneras básicas en que la emoción se traduce en conducta.

Marston las llamó Dominance, Inducement, Submission y Compliance. De las primeras letras salió la sigla DISC. Y aquí llega la primera sorpresa para cualquiera que hoy tenga en la mano el resultado de un test DISC: las letras se quedaron, las palabras que hay detrás cambiaron.

Término de Marston (1928) Significado literal Nombre actual del estilo
Dominance Imponerse frente a un obstáculo Dominancia
Inducement Ganarse a los demás, inducirlos Influencia
Submission Docilidad, disposición a ceder Estabilidad
Compliance Acatamiento de la regla Meticulosidad

Ese desplazamiento no es cosmético. Palabras como "docilidad" y "acatamiento" sonaban a subordinación ya en 1928, y hoy casi nadie las marcaría voluntariamente en una evaluación de trabajo. Por eso el DISC moderno trabaja de otra manera con los ejes de Marston. En lugar de entorno favorable y hostil habla de orientación a las personas o a las tareas, y en lugar de actividad y pasividad, de un ritmo más rápido o más pausado. El desglose detallado de ambos ejes está en el artículo sobre qué es el test DISC.

Wonder Woman y el lazo de la verdad

Marston, mientras tanto, hacía de todo. Daba clase en varias universidades, asesoraba a un estudio de cine, escribía en revistas populares y le gustaba salir en la prensa. De ahí, precisamente, sale el camino hacia el cómic.

En el otoño de 1940 la revista Family Circle publicó una entrevista en la que Marston defendía los cómics como herramienta educativa. Se la hizo, bajo el seudónimo de Olive Richard, su colaboradora y compañera de vida Olive Byrne. El texto le llamó la atención al editor Max Gaines, que le ofreció a Marston un puesto de asesor.

Marston, a cambio, le propuso un personaje propio: una heroína que no vence sobre todo por la fuerza, sino ganándose a la gente. En diciembre de 1941 apareció por primera vez, en el número 8 de All Star Comics, Wonder Woman, firmada con el seudónimo Charles Moulton. Como modelo, según sus propias palabras, usó a su esposa Elizabeth Holloway y a la propia Olive Byrne.

Y luego está esa arma. Wonder Woman lleva un lazo que obliga a decir la verdad a quien queda atado. El hombre que durante dos décadas convenció a los tribunales de que la verdad se puede medir en el cuerpo se inventó, por tanto, un instrumento que funciona al primer intento y que nadie tiene que homologar.

Marston murió en 1947, a los cincuenta y tres años. No dejó tras de sí ningún cuestionario.

El cuestionario lo escribió otra persona

Esta frase aparece pocas veces en los materiales promocionales y, sin embargo, es lo más esencial de toda la historia. Marston nunca elaboró un test DISC. No escribió ni un solo ítem, no construyó ninguna escala, no recogió normas. Escribió una teoría de la conducta y no reclamó nada más.

El primer cuestionario construido sobre su modelo lo creó dos décadas después el psicólogo industrial Walter Vernon Clarke. Su herramienta se llamaba Activity Vector Analysis y funcionaba como una lista de 81 adjetivos de la que la persona marcaba los que le encajaban. Clarke trabajó con ella desde finales de los años cuarenta y la versión publicada salió en 1956.

Lo interesante es el camino por el que llegó a ella. Clarke no empezó por Marston con una teoría acabada que quisiera confirmar. Los datos de las respuestas le salieron solos en cuatro factores y solo después se dio cuenta de que se parecían llamativamente a lo que Marston había descrito en el año veintiocho. La descripción de la conducta y la estadística se encontraron desde lados opuestos, lo que en las tipologías populares es más bien una excepción.

En los años setenta continuó esa línea el psicólogo John Geier, que convirtió el trabajo de Clarke en una herramienta utilizable en empresas. Desde entonces han nacido incontables cuestionarios DISC, porque el modelo en sí es público y no está protegido. Eso tiene una consecuencia práctica de la que casi no se habla.

Por qué dos tests DISC no tienen por qué dar el mismo resultado

No existe un test DISC oficial. Existe la teoría de Marston y decenas de cuestionarios elaborados de forma independiente que se acogen a ella. Cada uno tiene sus propias preguntas, su propio número de ítems, su propia forma de calcular y su propia muestra de gente con la que te compara.

Así que si con un proveedor te sale una influencia marcada y con otro influencia con una fuerte mezcla de estabilidad, puede que no haya error en ninguno de los dos. La diferencia suele estar en que un cuestionario te obliga a elegir entre dos afirmaciones y el otro te deja valorar cada afirmación por separado. Nuestro test DISC tiene 32 preguntas y, aparte del estilo principal, determina también el segundo, así que de él sale uno de dieciséis perfiles; la comparación con los demás tómala como orientativa.

¿Has rellenado alguna vez un cuestionario DISC en el trabajo? ¿Y te acuerdas de si entonces te salió lo mismo que esperarías hoy?

Cómo le va al DISC con la ciencia

La respuesta honesta suena así: mejor con la fiabilidad que con la validez.

La fiabilidad significa que la herramienta mide de forma consistente. Preguntas parecidas dan respuestas parecidas y el resultado no se desmorona al repetirlo. Aquí los cuestionarios DISC asentados no suelen quedar mal. La validez es una disciplina más dura y pregunta si el test mide de verdad lo que afirma y si de él se puede predecir algo. Una evaluación especializada alemana de uno de los cuestionarios DISC, de 2013, salió exactamente así de dividida: los requisitos de fiabilidad los cumplió en gran parte, los de validez no.

Para comparar, el modelo Big Five nació por el camino opuesto, es decir, mediante el análisis estadístico de las palabras con las que la gente describe el carácter. Sus predicciones aguantan mejor en el entorno académico. El DISC creció de la teoría de una sola persona y todavía hoy lleva las huellas de eso encima. Una diferencia de origen parecida tiene también la tipología de los 16 tipos de personalidad, que Isabel Myers y Katharine Briggs construyeron sobre la teoría de Jung; las comparamos en el artículo DISC frente a los 16 tipos de personalidad.

¿Significa esto que el DISC no sirve para nada? No. Significa dónde colocarlo. El DISC describe conductas, no capacidades ni rendimiento. No dice si alguien es inteligente, trabajador u honesto, y no debe ser el único criterio al seleccionar personas. Como lenguaje común para explicar por qué un compañero te interrumpe a mitad de frase y por qué otro tarda tres días en responder a un correo, funciona bien. Como diagnóstico, no.

Qué hacer con esto en tu propio resultado

La próxima vez que abras el resultado de un test DISC, léelo como una descripción de conducta en un entorno determinado, no como una sentencia sobre tu carácter. Marston escribía sobre emociones que se manifiestan en la reacción al entorno. El entorno cambia, y con él lo que se ve de ti.

Por eso a cada afirmación del perfil conviene añadirle una palabra: dónde. La franqueza que el test te atribuya es una virtud en una reunión de crisis y una dureza innecesaria en la comida del domingo. La calma que te salga como punto fuerte mantiene unido a un equipo y en una discusión sobre el presupuesto hace de ti alguien a quien nadie escucha.

Y una cosa más de la historia de Clarke resulta útil. Llegó a los cuatro factores de Marston porque la gente se describía con palabras parecidas, no porque se dividiera en cuatro especies. No eres una letra. Eres una medida de cuatro tendencias, de las que una o dos suelen predominar, y justo de ahí nacen los dieciséis perfiles combinados en lugar de cuatro cajones. Si no tienes claro cuál de ellos reconoces en tu conducta, empieza por cómo saber tu estilo DISC y por qué la gente se equivoca tanto al calcularlo sobre sí misma.

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