De los cuatro temperamentos clásicos, el flemático es con diferencia el que peor fama tiene. El adjetivo "flemático" se usa casi como un reproche y suele entenderse como indiferencia. Y sin embargo, en la cuadrícula de personalidad de Eysenck este tipo ocupa la casilla que los psicólogos asocian con el menor riesgo de problemas: poca necesidad de estímulo externo unida a una alta estabilidad emocional.
Una calma que se confunde con indiferencia
Al flemático lo reconoces por lo que falta a su alrededor. No hay prisa, no hay drama y el volumen de la sala más bien baja cuando él entra. Mientras los demás aceleran, él mantiene el mismo ritmo y las cosas se calman a su lado por sí solas.
No necesita llevar ventaja ni la última palabra. Habla con calma, no interrumpe a nadie y su propia opinión suele decirla solo cuando alguien se la pide expresamente. La gente le confía cosas que en otro sitio no diría, porque con él no hay riesgo ni de juicio ni de escándalo.
Lo sorprendente es lo que ocurre de verdad debajo de esa calma. Un cambio repentino no lo descoloca por fuera, pero por dentro se adapta más despacio de lo que deja ver, y por eso arrancar le lleva más tiempo del que cualquiera esperaría. El silencio y la aceptación no van en él tan de la mano como parece desde fuera.
Otra pista es cómo habla de sus propias dificultades. A la pregunta de qué tal está responde "ahí vamos" incluso en la semana en que se le juntaron tres cosas desagradables. No exagera, pero tampoco quita importancia por modestia; sencillamente no ve motivo para contárselo a nadie.
De ahí nace también el malentendido más habitual a su alrededor. Los demás leen un asentimiento callado como conformidad, pero el flemático muchas veces solo está diciendo que no quiere discutir. Unas semanas después se extraña de dónde salió un plan al que nunca se apuntó.
Flema, Galeno y un tipo de sistema nervioso lento
El nombre viene del griego flegma, es decir, flema, porque según Hipócrates en el tipo tranquilo y frío predominaba justamente ese fluido corporal. A los cuatro los bautizó y describió el médico romano Galeno en el siglo II de nuestra era. La fisiología original es un disparate, pero la diferencia observada entre las personas aguantó dos mil años.
Hans Eysenck, en los años cincuenta, sustituyó los fluidos por dos ejes: la extraversión y la estabilidad emocional. El flemático le salió como introvertido estable, es decir, una persona vuelta más bien hacia dentro y a la vez poco reactiva. Iván Pávlov, que cartografiaba los tipos de sistema nervioso en perros, colocó aquí el tipo fuerte y equilibrado, pero lento al cambiar entre excitación e inhibición.
Esa palabra, "lento", la mayoría de la gente la entiende mal. No se refiere a la velocidad del pensamiento, sino a la rapidez con la que alguien pasa de una actividad a otra y de un estado de ánimo a otro. Las conexiones entre los tipos antiguos y la psicología actual las detalla el repaso de los cuatro temperamentos.
Lo que el flemático hace mejor que los demás
Se mantiene en una tarea que ya no le apetece a nadie. Donde el sanguíneo pierde el interés y el colérico busca un atajo, el flemático sencillamente continúa al mismo ritmo, porque el aburrimiento no le duele tanto como a los demás. La mayoría de las cosas largas y poco vistosas, tanto en las empresas como en las familias, se sostienen sobre alguien así.
Su segunda capacidad es bajar la tensión. No lo hace con ninguna técnica, sino simplemente no aumentándola: no levanta la voz, no devuelve el golpe y no suma su enfado al ajeno. Una discusión necesita a dos, y con un flemático cuesta más encontrar al segundo.
La investigación apunta en la misma dirección. Lauri Jensen-Campbell y William Graziano (2001) observaron cómo resuelven los conflictos los adolescentes y encontraron que una mayor amabilidad predecía la elección del acuerdo y la búsqueda de un punto medio en lugar de la escalada. Los conflictos de las personas más amables tenían un curso más suave y se cerraban antes, aunque los temas fueran igual de serios.
La tercera virtud es su memoria de cómo funcionan las cosas. El flemático se queda en un mismo puesto y en una misma empresa más tiempo que los otros tipos, así que es el único que sabe por qué hace seis años se introdujo una regla a la que hoy nadie encuentra sentido. Eso no está escrito en ninguna parte y desaparece de un día para otro junto con él.
La forma concreta de esa cualidad suele pasar desapercibida. Carmen lleva once años haciendo las nóminas en una empresa de cien empleados. Nunca se quejó, entregó siempre el cierre a tiempo y nadie de la dirección sabía cuántas cosas sostenía alrededor. Lo descubrieron en mayo, cuando estuvo tres semanas en el hospital y dos personas tardaron tres meses en reconstruir cómo funcionaba cada cosa. El pilar de un equipo se reconoce casi siempre el día que falta.
El precio silencioso de la calma
La cualidad más cara del flemático es el desacuerdo que se traga. No lo dice, porque la discusión cuesta más energía de la que le apetece invertir, y sin embargo sigue cargando con ese desacuerdo. Con el tiempo se convierte en una distancia silenciosa que la otra parte detecta tarde y sin explicación.
El segundo riesgo es aplazar el cambio. El argumento suena siempre razonable: por ahora también funciona así. Pero la decisión que el flemático no toma acaba tomándola otro por él, y normalmente en un momento y de una forma que él no habría elegido.
¿Cuándo fue la última vez que le dijiste que no a alguien sin disculparte y sin dar largas explicaciones? En un flemático la respuesta suele ser "ya ni me acuerdo", y justo ahí empieza la dificultad que quienes lo rodean viven como algo natural. Quien lo conoce cuenta con que va a ceder y deja de preguntar qué quiere él.
En las relaciones, mientras tanto, es la garantía que todo el mundo quiere: no monta dramas, aguanta también una época peor y conserva la amistad incluso de quien lleva un año sin dar señales. El precio llega despacio. Su disposición empieza a darse por hecha, nadie pregunta por sus preferencias porque "a él le da igual", y años después se ve que todo el programa común se rigió por la otra parte.
Lo curioso es que con las decisiones no tiene ningún problema si el plazo es suyo. Un flemático que se propone elegir auto antes del domingo, el domingo lo elige. La cosa se atasca en el momento en que el plazo viene de fuera y encima con presión, porque la presión no lo acelera, lo frena.
Bajo estrés el flemático no acelera, se para. Aplaza, espera a ver si se resuelve solo y lo más difícil para él es siquiera empezar. Desde fuera parece calma, por dentro es un bloqueo, y la diferencia entre ambas cosas se nota en un solo detalle: si no le apetecen ni las cosas que otras veces disfruta. Cómo se ve ese estado en los otros tres tipos lo describe el texto sobre el temperamento y el estrés.
Y luego está el piloto automático. Los días pasan agradables y sin roces, nada duele especialmente, solo que aquello que uno quiso un día se va aplazando sin fecha. La satisfacción flemática es real, pero puede ocultar que en años no ha cambiado nada.
El mismo cambio, cuatro reacciones
El flemático se describe mejor por comparación. Imagina el anuncio de que a partir del mes que viene cambia el sistema con el que todos trabajan y observa la primera reacción en la sala.
| Temperamento | Primera reacción ante el cambio | Qué necesita para aceptarlo |
|---|---|---|
| Sanguíneo | Entusiasmo por la novedad y ganas de contárselo a alguien enseguida | Que haya gente alrededor y que pronto se vea que funciona |
| Colérico | Pregunta quién lo decidió y qué se hace primero | Mano libre en la forma de llevar a cabo el cambio |
| Flemático | Por fuera asiente, por dentro frena y espera | Tiempo y un motivo, dicho antes de que llegue el cambio |
| Melancólico | Busca todo lo que puede salir mal | Detalles y la certeza de que los riesgos están contemplados |
La diferencia entre la tercera y la cuarta fila suele ser fuente de errores. El flemático y el melancólico necesitan tiempo, pero cada uno para algo distinto: uno para hacerse por dentro a la novedad, el otro para pensarla al detalle. Cómo se manifiestan esas diferencias dentro de una misma oficina lo describe el texto sobre los temperamentos en el equipo.
El silencio por conformidad y el silencio por falta de ganas de discutir se distinguen fácilmente. El flemático que está de acuerdo pregunta al día siguiente por algún detalle, porque entretanto le ha estado dando vueltas al asunto. El otro no pregunta nada y, el día en que arranca el cambio, se ve que nunca contó con él.
Las personas puramente flemáticas son pocas; casi siempre se trata de un componente flemático predominante con algún toque. Con un toque colérico se va la mayor parte del tiempo con el acelerador suave, pero en las cosas que importan se pisa a fondo, algo que siempre toma desprevenidos a los demás. Nuestro test de temperamento tiene 24 preguntas y lleva unos cuatro minutos; señala el temperamento primario y también el toque, y todo ello como imagen orientativa, no como diagnóstico.
Lo que se dice mal sobre los flemáticos
"Es un vago." La pereza consiste en esquivar el trabajo, mientras que el flemático lo saca adelante, solo que sin esfuerzo visible y sin necesidad de comentarlo. La diferencia se nota en las tareas aburridas: el perezoso las aplaza, el flemático aguanta en ellas más que nadie en la sala.
"No tiene opinión." Sí la tiene, solo que no la ofrece sin que se la pidan. Si le preguntas en general, recibes un "a mí me da igual"; si le preguntas en concreto qué haría de otra manera, llega una respuesta que suele estar más pensada que la mayoría de lo que se dijo en la reunión.
"No hay quien lo mueva." Aquí solo hay una parte de verdad. El temperamento en sí no cambia mucho a lo largo de la vida, la conducta sí, y el flemático arranca siempre en dos situaciones: cuando escuchó el motivo con antelación y cuando se puso el plazo él mismo. Qué se puede cambiar del temperamento y qué no lo explica el texto sobre si se puede cambiar el temperamento.
Para terminar, una prueba práctica para ambas partes. La próxima vez que un flemático te asienta a algo, hazle una pregunta más: ¿qué cambiarías de esto si dependiera solo de ti? La respuesta llega tras una pausa y suele ser sorprendentemente concreta, porque entretanto lo había pensado entero, solo que no se lo dijo a nadie.

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