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Un elogio de mi pareja puede levantarme el ánimo durante todo el día.

Cuando estoy con mi pareja, dejo el teléfono a un lado.

Un pequeño detalle que mi pareja me trae sin motivo me alegra más que un gran gesto.

La manera en que más demuestro mi amor es haciendo cosas por mi pareja.

Un abrazo de mi pareja me calma más que cualquier palabra.

Cuando a mi pareja le sale bien algo, se lo digo enseguida.

Siento la mayor cercanía cuando mi pareja y yo tenemos tiempo solo para nosotros.

Cuando veo por ahí un detalle que le haría ilusión a mi pareja, lo compro.

Cuando mi pareja me ayuda sin decir nada con aquello que me agobia, es cuando más siento su amor.

A menudo toco a mi pareja de forma casual: una caricia, la mano en el hombro.

Necesito que mi pareja me diga que me valora.

Planeo actividades para los dos en las que estamos a solas.

Un regalo de mi pareja lo veo como una prueba de que pensó en mí.

Cuando mi pareja está cansada, asumo sus tareas.

Necesito que el contacto físico sea algo cotidiano y natural en nuestra relación.

A menudo le digo a mi pareja en voz alta lo que valoro de ella.

Me molesta que mi pareja mire el teléfono mientras conversamos.

Los regalos para mi pareja los elijo con tiempo y con cuidado.

Que mi pareja me ofrezca ayuda significa para mí más que las palabras.

Cuando quiero apoyar a mi pareja, lo primero que hago es darle un abrazo.

Cuando mi pareja pasa mucho tiempo sin decirme nada bonito, empiezo a dudar de lo nuestro.

El tiempo solo para los dos lo protejo como si fuera una cita importante.

Los pequeños detalles que mi pareja me ha regalado los guardo.

Me doy cuenta de lo que agobia a mi pareja y lo resuelvo sin decir nada.

Cuando mi pareja no me toca en todo el día, siento que me falta algo.

Cuando mi pareja tiene un día difícil, le doy ánimos sobre todo con palabras.

Una velada juntos sin interrupciones es para mí la muestra de interés más valiosa.

Me divierte pensar cómo sorprender a mi pareja, en un aniversario o sin motivo alguno.

Valoro que mi pareja se encargue de alguna de mis tareas sin que tenga que pedirlo.

Ir de la mano con mi pareja me resulta natural, incluso en público.

Las palabras “Te amo” tienen para mí más peso que cualquier otra cosa.

Cuando hablo con mi pareja, le presto toda mi atención.

Cuando mi pareja olvida un aniversario o una fecha especial, me duele.

Prepararle el café por la mañana a mi pareja o dejarle las cosas listas es algo natural para mí.

Le ofrezco cercanía física a mi pareja incluso en momentos en que no pasa nada.

Le hago cumplidos a mi pareja a menudo y sin ninguna ocasión especial.

Necesito que reservemos con regularidad tiempo solo para los dos.

De cada viaje intento traerle algo pequeño a mi pareja.

Me molesta que mi pareja deje las tareas prácticas solo en mis manos.

Después de una discusión, lo que más me reconcilia es un abrazo de mi pareja.

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